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sábado, 11 de abril de 2015

¿Un gen de la psicopatía? Jim Fallon nos lo cuenta, no sin sorpresas...

    A lo largo de la corta pero productiva vida de este blog, hemos hablado en varias ocasiones del fenómeno de la psicopatía: esa condición clínica que, caracterizada por multitud de elementos entre los que suele destacar más la incapacidad de sentir parcialmente en primera persona las mismas emociones que el resto del entorno, tan temida ha resultado a lo largo de la historia gracias a las más que prolíficas novelas, películas y series televisivas cuyos protagonistas, criminales y asesinos, son definidos bajo dicha condición.
    En este sentido, hemos hablado de varios aspectos de la psicopatía: sus manifestaciones conductuales a escala personal y social, su base neurológica, etc. Sin embargo, ¿os imagináis poder escuchar hablar de la psicopatía a un neurobiólogo especializado en ella? La oferta no parece muy sorprenderte, ¡cuántos neurobiólogos expertos en psicopatía habrá dispuestos a transmitir sus conocimientos! Muy bien, pero... ¿y si os ofreciéramos la posibilidad de escuchar hablar sobre psicopatía a un neurobiólogo especializado en ella... que además cuenta en su línea genealógica con numerosos casos de asesinos? ¿ Y si, para echar aún más pimienta en la receta, dicho científico comentase la existencia de un cierto gen que parece resultar determinante para desarrollar la psicopatía en situaciones de violencia traumática diaria? Las cosa ya parece ponerse más interesante, ¿verdad? Exacto.
    ¡Pues luces fuera! Relajáos y asistid a tal conferencia, porque de la mano del neurobiólogo y Profesor Emérito de Neurociencia Jim Fallon os podemos garantizar que no tiene desperdicio, y menos aún a través de TED, el siempre interesante archivo de conferencias de las más variopintas temáticas del saber. Aquí adjuntamos el enlace a la puesta en la web original de TED (www.ted.com), dentro de la que el espectador puede encontrar, además, una transcripción completa de la misma, así como la opción de subtitular el vídeo (originalmente en inglés) en diversos idiomas. ¡Disfrutad!



martes, 31 de marzo de 2015

Los psicópatas no aprenden del castigo

El post de hoy irá mas enfocado a temas de investigación, en este caso en psicópatas.
Como alguno de mis compañeros en este blog ha comentado, el cerebro de un psicópata es algo diferente al de una persona que no lo es. Este artículo que os presento hoy no solo habla de esto, sino también de cómo es diferente en cuanto al aprendizaje, es decir, que un psicópata no tiene una actividad tan alta en el cingulado posterior y en la ínsula anterior cuando eran castigados como en una persona normal. 

Aclararé que el cíngulo se encarga de los cambios en la conducta del individuo y la ínsula se basa mas bien en la motivación y emoción. 

También, además de las diferencias entre personas normales y psicópatas, es necesario decir que existen otras distinciones entre criminales no psicópatas y psicópatas.

Os dejo debajo el link.




LOS PSICÓPATAS NO APRENDEN DEL CASTIGO
Charles Manson (en la imagen escoltado al juzgado) y su 'familia' cometieron una serie de asesinatos a finales de los sesenta. Cumple cadena perpetua. / WALLY FONG (AP PHOTO)



Los psicópatas condenados por delitos graves muestran una actividad cerebral diferente de la del resto de personas, incluidos otros asesinos. El escáner cerebral a una treintena de criminales muestra que los afectados por una psicopatía presentan anomalías en las partes del cerebro implicadas en el aprendizaje. Pueden aprender de los premios, pero parecen incapaces de hacerlo con el castigo.

Un grupo de psiquiatras forenses y neurocientíficos han tenido la rara ocasión de echar un vistazo en el cerebro de una docena de psicópatas británicos encarcelados por asesinato, violaciones o intento de homicidio. Registraron su actividad cerebral con la técnica de imagen por resonancia magnética funcional (FNRI, por sus siglas en inglés) mientras realizaban una serie de ejercicios donde podían ganar o perder puntos.

Para poder comparar sus resultados y buscar las diferencias, los investigadores realizaron el mismo experimento con una veintena de reclusos condenados también por delitos muy graves pero que no habían sido diagnosticados con psicopatía. Otras 18 personas sanas y libres completaron la muestra. El ejercicio era una sencilla tarea de elegir una imagen de entre una pareja. Si acertaban, recibían 100 puntos, si perdían se los restaban. Para provocar cambios en la conducta, al cabo de cierto tiempo, en un porcentaje de las pruebas, el juego penalizaba lo que ellos creían que era un acierto. Buscaban así un aprendizaje adaptativo.

La muestra incluye a una docena de psicópatas y una veintena de criminales sin rasgos psicóticos
"En comparación tanto con los hombres normales y no violentos como con los violentos antisociales que no son psicópatas, el grupo psicopático mostró un aumento de actividad anormal en el cingulado posterior y en la ínsula anterior cuando eran castigados de forma inesperada", dice el doctor delInstituto de Psiquiatría del King's College de Londres, Nigel Blackwood.

Ambas zonas del córtex cerebral están implicadas en el aprendizaje basado en premios y castigos. El giro cingulado, en particular, estaría relacionado en la modificación de la conducta en respuesta a un cambio inesperado, según anteriores investigaciones. En cuanto a la ínsula anterior, interviene en la motivación. Estudios previos han demostrado, por ejemplo, que una lesión en esta zona puede afectar al cálculo a la hora de tomar decisiones que puedan acarrear un resultado negativo.

Sin embargo, la actividad cerebral tras un premio era completamente diferente. Según explican los autores de la investigación en la revista Lancet Psychiatry, el escáner cerebral de los delincuentes no psicópatas y los no delincuentes mostraban una gran actividad en estas zonas cerebrales cuando eran premiados, algo que no sucedía en la misma medida en el caso de los psicópatas.

El cingulado anterior (en amarillo) del córtex cerebral interviene en el aprendizaje. La gráfica muestra el patrón ante recompensas (en verde) y castigos (en rojo). Sólo los psicópatas (derecha) muestran un aumento de actividad ante el castigo. / BLACKWOOD ET AL/ THE LANCET PSYCHIATRY

Analizada en conjunto, la actividad cerebral y las conexiones entre distintas partes del cerebro de los psicópatas eran muy diferentes de la de los otros dos grupos. "Encontramos anormalidades funcionales tanto en la materia gris como en las fibras nerviosas de la materia blanca entre los criminales violentos con psicopatía", explica la psiquiatra de la Universidad de Montreal y coautora de la investigación, Sheilagh Hodgins. Mientras la primera está implicada en el procesamiento de la información y la cognición, la segunda coordina el flujo de información entre las áreas cerebrales.

Antes de tomar una decisión, los humanos sopesan los posibles resultados. "Los criminales con psicopatía podrían considerar solo las posibles consecuencias positivas y fallarían al valorar las posibilidad de un resultado negativo", sugiera la investigadora canadiense. Es como si no aprendieran de los castigos o errores. "El castigo indica la necesidad de cambiar la conducta. En determinadas situaciones, estos criminales tienen dificultad para aprender del castigo para modificar su conducta", añade. Así que no se trataría solo de falta de empatía hacia los demás.
El patrón de actividad cerebral es muy diferente entre delincuentes psicopáticos y otros asesinos

Como recuerda el experto británico, "los delincuentes psicópatas son diferentes de los otros criminales en varios aspectos. Éstos son híper sensibles a la amenaza, irascibles y agresivos, mientras que los psicópatas presentan una baja respuesta a las amenazas, son fríos y su agresividad es premeditada".

Para los investigadores, aunque habría que realizar nuevos estudios con muestras mayores, sus resultados indican que los actuales sistemas de tratamiento y posible reinserción de los psicópatas tienen que cambiar. Como dice Blackwood: "En la actualidad, los programas tratan a todos los hombres antisociales como un único grupo y sabemos que los psicópatas no los siguen muy bien. Nuestro trabajo apunta a la necesidad de adaptar estos programas para que tengan en cuenta la diferente forma de procesar la información de los castigos de los psicópatas".

Por cierto, a lo largo del artículo siempre se ha hablado de hombres. En la muestra estudiada no había mujeres. "La gran mayoría de los individuos con trastorno de la personalidad violento y antisocial son hombres. Existen mujeres psicópatas, pero son comparativamente escasas", aclara el científico británico.



AUTOR: MIGUEL ÁNGEL CRIADO
FUENTE: elpais,com
FECHA: 27 ENERO 2015


sábado, 28 de marzo de 2015

¿Los asesinos nacen o se hacen?


"Detectar" a un criminal o persona violenta no es tan sencillo. Aunque se siga pensando que estas personas tienen unos rasgos físicos visibles comunes, las investigaciones realizadas y las comprobaciones científicas seguirán refutando estas teorías. Sin embargo aquello en lo que se ha encontrado mayor similitud, es en las características del sistema nervioso. Como veréis en este artículo, existen variaciones en el la actividad del lóbulo prefrontal  y una mayor actividad de la amígdala (encargada de las emociones)  son, junto a factores genéticos y otros de experiencia,  algunas de las características que definen a las personas criminales. 
Pero es muy importante recordar que no quien posee alguna de estas características es una persona de este estilo, sino que es la combinación de ellas la que hace aumentar la probabilidad de serlo, pero no existe ninguna seguridad al 100%.



¿LOS ASESINOS NACEN O SE HACEN?
El Dr. Cesare Lombroso, que ha sido llamado "el padre" de la criminología moderna, estudiaba a los delincuentes encarcelados en Turín allá por 1870. Estaba convencido de los delincuentes estaban un escalón por debajo en la evolución, una regresión a un tipo de hombre primitivo o infrahumano.

Después de años de estudio, llegó a la conclusión de que se podía identificar a un asesino por la forma de su cara y por la longitud excesiva de sus brazos "simiescos". "Las orejas de un criminal", escribió, "son a menudo de gran tamaño". "La nariz es frecuentemente respingada o achatada en los ladrones. En los asesinos suele ser aguileña como el pico de un ave de presa".

Desafortunadamente, detectar a asesinos potenciales no resultó tan simple como esperaba Lombroso y sus hallazgos "científicos" pronto fueron desacreditados.

Cerebro iracundo

Pero este fue el inicio de una investigación que ha continuado por más de un siglo para averiguar si los criminales, en particular los homicidas, tienen cerebros diferentes al resto de las personas.

La invención de las técnicas de imágenes de resonancia magnética funcional en los años 80 revolucionaron el conocimiento de lo que ocurre dentro de la cabeza.

El primer estudio con escaneo cerebral de asesinos fue realizado en California por el neurocientífico británico Adrian Raine.

Raine había llegado hasta allí atraído no por sus playas sino, tal como él lo explicó, "por el gran número de individuos muy violentos y homicidas".

En el transcurso de muchos años el científico y su equipo escanearon los cerebros de numerosos asesinos y casi todos mostraban cambios similares.

Había actividad reducida en el córtex prefrontal, el área del cerebro que controla los impulsos emocionales, y una sobreactivación de la amígdala cerebral, la zona que genera las emociones.

Por lo tanto parece que los asesinos tienen cerebros que los hacen más proclives a la ira y el enfado y a la vez menos capaces de controlarse.

Maltrato

¿Pero por qué pasa esto?

Los estudios de Raine sugieren que una de las razones puede ser el abuso infantil, que puede generar asesinos al causar daños físicos al cerebro. El córtex prefrontal es especialmente vulnerable.

Uno de los prisioneros que el neurocientífico escaneó era Donta Page, un hombre que mató brutalmente a una joven de 24 años .

De bebé, Page fue habitualmente maltratado por su madre, y cuando creció las golpizas empeoraron.

Su madre usaba cables de electricidad, zapatos, cualquier cosa que encontrara a mano.

No eran golpes de vez en cuando, sino casi a diario.

"El maltrato físico a temprana edad, entre otras cosas, puede haber producido el daño cerebral, que puede haberlo llevado a cometer este acto violento", dice Raine.

Sin embargo, solo una pequeña fracción de aquellos que sufren una infancia terrible se convierte en asesinos.

El gen del guerrero

¿Puede entonces haber otros factores que predispongan al asesinato?

La respuesta fue hallada en 1993 con una familia en Holanda en la que todos los hombres tenían un historial de violencia: 15 años de minuciosa investigación revelaron que a todos ellos les faltaba el mismo gen.

Este gen produce una enzima llamada MAOA que regula los niveles de neurotransmisores involucrados en el control de los impulsos.

Así se descubrió que si alguien carece del gen MAOA o tiene una variante de baja actividad, está predispuesto a la violencia.

A esta variante se la conoce como el gen del guerrero.

Alrededor del 30% de los hombres lo tienen, pero su activación depende fundamentalmente de lo que ocurra en la infancia.

Infancia feliz

Jim Fallon, profesor de psiquiatría de la Universidad de California, tiene un interés personal en esta investigación.

Después de descubrir un sorprendente gran número de asesinos en el árbol genealógico de su familia, realizó un estudio genético de sí mismo y vio que tenía un montón de genes que han sido vinculados al comportamiento psicopático violento.

"Personas con una genética mucho menos peligrosa que la mía se convirtieron en homicidas y son psicópatas", dice Fallon.

Pero él no es un asesino sino un respetado académico.

Su explicación es que él estuvo protegido de una herencia potencialmente violenta por una infancia feliz.

"Si tienes la versión de alto riesgo del gen y te han maltratado en la infancia, las posibilidades de una vida criminal son mucho más altas".

"Si tienes el gen de alto riesgo pero no fuiste maltratado, entonces no hay realmente mucho riesgo. Así que el gen solo por sí mismo no afecta dramáticamente el comportamiento, pero en ciertas condiciones de entorno hay una gran diferencia".

Combinación asesina

Por lo tanto, parece que una tendencia genética hacia la violencia y el maltrato infantil son literalmente una combinación asesina.

Eso quiere decir que los homicidas nacen y se hacen al mismo tiempo.

Ahora tenemos un conocimiento mucho más sofisticado de las complejas interacciones entre los factores sociales y biológicos que predisponen a la violencia. ¿Pero qué podemos hacer con esa información?

Las investigaciones se centran ahora en maneras de reducir el comportamiento violento y hay evidencias de que enseñar formas positivas de crianza de los hijos a las familias que están en riesgo es efectivo para mejorar el control de los impulsos.

La esperanza es que ya que sabemos mucho más sobre las causas del comportamiento homicida seamos capaces de detectar las señales de alarma e intervenir antes de que sea demasiado tarde.



FUENTE: BBC MUNDO
LINK: 

AUTOR: Michael Mosley
15/03/2015


sábado, 21 de marzo de 2015

Entrevista a Stephen Porter, psicólogo forense

Normalmente, si se nos preguntara por las figuras claves en torno a un crimen, tenderíamos a pensar en el criminal, en las víctimas, en las autoridades y cuerpos de seguridad encargados de su localización y detención, así como en los testigos, los abogados, los fiscales, los jueces, etc. Pero esto es un blog sobre Psicología Criminal y Forense, así que no es precisamente sorprendente que, en esta entrada, pongamos el punto de mira en otra figura clave cuya existencia no es conocida por todo el mundo, pero cuya acción puede determinar de manera decisiva el destino judicial de un presunto criminal: el psicólogo forense.

Licenciado en Psicología (en la actualidad, diríamos graduado), el Psicólogo Forense ha alcanzado dicha condición laboral después de formarse, además, en Criminología y/o en Psicología Forense propiamente dicha, mediante másteres o estudios superiores similares. En nuestro país, por ejemplo, dado el carácter público de las instituciones judiciales, esta persona deberá también superar una Oposición.

El motivo de todo lo anterior es claro: siendo la Psicología la ciencia del comportamiento (eminentemente humano), su aplicación a un terreno tan complicado como el del crimen resulta en una materia densa, compleja y delicada, cuya aplicación práctica inmediata no implica, precisamente, acciones judiciales superfluas: el peritaje de un sospechoso por parte de un psicólogo forense, mediante la entrevista, por ejemplo, puede resultar decisivo de cara a la consideración de la inocencia o la culpabilidad de aquél. Esto da una idea, por ejemplo, de la delicada aprobación científica que han de superar los instrumentos que este género de psicólogo va a utilizar: tests, cuestionarios, indicios observados directamente en el sospechoso, etc.

Una vez realizada la breve presentación anterior de esta figura profesional, el verdadero objetivo de este post es el de ofrecer al lector una visión del trabajo, los conocimientos y las responsabilidades de la misma, haciéndolo además de primera mano. Porque, ¿qué mejor forma de conocer esta profesión que propiamente de la mano de un psicólogo forense de verdad?

El autor de un interesante blog titulado Desde El Exilio, www.desdeelexilio.com, nos ofrece una entrevista a Stephen Porter, destacado psicólogo forense que, en palabras de dicho blog, “se dedica a investigar en profundidad las artimañas de los delincuentes a la hora de ocultar a los demás sus crímenes e intenciones criminales. […]También está interesado en cómo el sistema penal falla, a la hora de condenar a los culpables y librar de pena a los inocentes. En este área le interesa comprender cómo las decisiones judiciales pueden verse alteradas por los sesgos en nuestra psicología, así como el modo en que los recuerdos son tergiversados por el contexto en el que se recuerdan, conduciendo a falsas acusaciones”.

Pinta bien, ¿no? El interesado lector podrá encontrar el enlace al post original al final de esta entrada.

*    *    *

1.-¿Qué estudia la psicología forense?

Los psicólogos forenses estudian el comportamiento humano que se da en la intersección de la psicología y el derecho. Esto incluye la toma de decisiones jurídicas, el comportamiento criminal, la victimología, la detección de mentiras, los trastornos mentales y la delincuencia, la personalidad y los crímenes, y la memoria de los testigos presenciales.

2.-¿Que redes neuronales se activan cuando mentimos? ¿Cuáles son los signos corporales, conductuales y expresivos básicos de la mentira?
La neurociencia de la mentira se encuentra todavía en su infancia y aún se precisa un gran trabajo antes de que podamos llegar a conclusiones sólidas sobre la actividad cerebral y la mentira. No obstante, la investigación con neuroimágenes ha puesto de manifiesto que tener un conocimiento oculto o “culpable” sobre un crimen (por ejemplo, un conocimiento que sólo el asesino tuviera) está asociado con la actividad de ciertas redes neuronales. El cuadro general que se desprende de estos primeros trabajos es que el conocimiento del engaño está asociado con un aumento de la actividad de las cortezas prefrontal, parietal y cingulada anterior. La aplicación de esta investigación requiere mucha cautela, ya que la mayoría de los trabajos hasta la fecha se han realizado con mentiras en las que hay poco en juego. Los indicios específicos del comportamiento con más fuerte apoyo hasta la fecha son las ilustraciones o los gestos con manos y brazos (un aumento o disminución importante de los mismos), la reducción de la tasa de parpadeo, una mayor latencia en las respuestas (es decir, más tiempo antes de responder), pausas más largas y más frecuentes, un descenso de la velocidad del habla, descripciones vagas, repetición de detalles, unas producciones demasiado estructuradas (que indican que han sido ensayadas), falta de un encaje contextual, y la falta de conversación específica relativa a los incidentes con víctimas múltiples (es decir, los crímenes más graves).
Además, el cazador de mentiras debe estar muy en sintonía con los “resbalones” idiosincrásicos – incluidos los verbales (como cambios en el tiempo verbal ; por ejemplo que el sospechoso de un caso de desaparición se refiera a la persona desaparecida en pasado), no verbales (como las comunicaciones inconscientes al interrogador, incluidas potenciales recreaciones del crimen), y señales faciales (expresiones emocionales involuntarias y fugaces que normalmente se producen solo en la parte superior o inferior del rostro y de forma más general simplemente expresiones falsas), y (3) en función del contexto, el cazador de mentiras debe asimismo considerar el uso de técnicas de entrevista estratégica tales como manipular la carga cognitiva de un sospechoso (haciéndole pensar mucho), realizar preguntas imprevistas, evaluar la precisión de las respuestas en cuestionarios sobre lo que conoce el culpable, y el uso estratégico de las pruebas para dirigir las preguntas y detectar el engaño.

3.-¿Cómo está de avanzada la investigación en métodos de detección de mentiras? ¿Será posible, en un futuro, reconocer a un terrorista antes de que actúe, o determinar la culpabilidad de un acusado en un juicio solo a través de sus cambios neuronales, de expresiones faciales o de otras señales corporales?
La ciencia del engaño está avanza en el sentido de que se han realizado cientos de estudios sobre señales conductuales del engaño. Por otro lado, sólo un puñado de estudios han sido realizados con verdaderas mentiras de “alto riesgo”, y aún es necesario mucho trabajo. Me atrevo a predecir que pronto será posible identificar a personas que ocultan información o sus intenciones, basándonos en una combinación de expresiones faciales, lenguaje corporal, y declaraciones que hagan al observador informado.
Nuestros estudios sobre la eficacia de la formación sugieren que los profesionales pueden aprender a detectar a los mentirosos de alto riesgo, con un 80% + de exactitud, sin embargo, estas mentiras son de lo ocurrido en el pasado – no sobre intenciones de futuro. La investigación sobre la detección de intenciones maliciosas está en su infancia. Más investigaciones en este tipo de engaño, y el dilema ético de la exposición de intenciones maliciosas sin que se pase a la acción, se requieren antes de que esto sea puesto en práctica.

4 .- ¿Qué validez tienen los testimonios de los testigos presenciales? ¿Cuán confiables son sus recuerdos?
Depende de una serie de factores. En general, las experiencias traumáticas son relativamente bien recordadas, contrariamente a la noción freudiana de represión. Así que si uno es física o sexualmente asaltado, sus recuerdos serán precisos y duraderos en comparación con los de las experiencias ordinarias.Sin embargo, curiosamente, los recuerdos emocionales o traumáticos también son altamente vulnerables a las desinformaciones, tales como las de las preguntas engañosas (véase Porter, Demitrioff, y Ten Brinke, 2009). Los interrogadores policiales pueden hacer preguntas de modo que conduzcan al testigo o víctima a recordar el crimen de una manera radicalmente diferente a la forma en que ocurrió realmente. La investigación sugiere incluso que la gente puede ser llevada a recordar eventos completos que nunca sucedieron a través de interrogatorios altamente sugestivos (por ejemplo, Porter, Taylor, y Ten Brinke, 2008).

5 .- ¿Cómo podemos trazar el perfil psicológico de un criminal?
Los perfiles psicológicos, tradicionalmente, son bastante intuitivos y poco fiables. Sin embargo, la investigación en la última década sugiere que prestar atención a las características de la escena del crimen y a la naturaleza de la violencia infringida a las víctimas puede indicarnos rasgos específicos de personalidad de los autores. Por ejemplo, la investigación apunta a que esa información puede indicar con relativa confianza si el crimen fue perpetrado por un psicópata o por un no psicópata (por ejemplo, Porter, Woodworth et al., 2003) o por múltiples individuos o uno solo (Juodis et al. 2009).

6 .- ¿Cuáles son las características de una personalidad psicopática?
La personalidad psicopática es generalmente la de alguien que carece de conciencia, en términos de remordimiento, empatía, o emociones en general. Dentro de la población criminal los psicópatas son prolíficos – cometen un mayor número de crímenes y más violentos que los delincuentes no psicópatas. Él o ella tienden a ser superficialmente encantadores con el don de la palabra, no tienen deficiencias intelectuales y están muy sintonizados para reconocer a víctimas vulnerables. Alarmantemente, los delincuentes psicópatas parecen ser capaces de usar este estilo interpersonal para negociar acuerdos de culpabilidad, sentencias más cortas y excarcelaciones más tempranas, a pesar de su pobre desempeño en la comunidad. Por supuesto, las personalidades psicopáticas no aparecen exclusivamente entre la población criminal. Estos rasgos de personalidad también pueden permitir a un individuo medrar en el mundo de los negocios. Por ejemplo, Bernie Madoff, que diseñó la mayor estafa piramidal de la historia, se ha descrito como poseedor de rasgos psicopáticos.El estudio de las “serpientes de traje” es actualmente un campo floreciente de la investigación en psicología forense.

7.-¿Cuáles han sido sus mayores logros profesionales, tanto en lo teórico como en la aplicación práctica de su conocimiento para capturar criminales?

Consideraría uno de mis principales logros el llevar la ciencia a los profesionales de la ley en lo referente a la detección de engaños, falsos recuerdos, homicidios y personalidades psicopáticas, a través de talleres de capacitación y charlas. Nuestro grupo ha hablado con numerosos grupos, incluyendo investigadores criminalísticos, jueces, abogados, fiscales, indemnizadores de personal, psiquiatras forenses, tribunales de derechos humanos, juntas de inmigración, y periodistas de investigación. En este sentido estamos acercando la ciencia al mundo real, y esperamos poder ayudar a los profesionales de la ley a atrapar a los mentirosos y a los criminales y a mejorar la toma de decisiones jurídicas en general. Nuestra recientemente publicada “Teoría de las Decisiones peligrosas” (DDT) ofrece un modelo completo que considera cómo se cometen los errores en el sistema de justicia penal, incluyendo cómo suaves mentirosos embaucan a los jueces y a los jurados, y también cómo personas inocentes acusadas son “encarriladas” a través de una visión de túnel y una serie de sesgos naturales humanos en la toma de decisiones (Porter & Ten Brinke, 2010).

8.-¿En qué está trabajando ahora?

Mi laboratorio está trabajando en varios asuntos que consideramos fundamentales para entender el comportamiento humano en el contexto legal. Estamos a) realizando el estudio de mayor escala hasta la fecha sobre el engaño de alto riesgo, mediante la investigación del lenguaje verbal, corporal y las expresiones faciales de las personas que piden públicamente el retorno de un familiar desaparecido, y que luego resultan ser el asesino; b) examinando la relación entre las emociones negativas y la memoria; c) examinando cómo los psicópatas identifican y seleccionan a las víctimas emocionalmente vulnerables, y d) examinando cómo el rostro del acusado influye en la toma de decisiones jurídicas (por ejemplo, cómo se evalúan las pruebas relativas a una persona que resulta tener un rostro que no inspira confianza en comparación con las de otro que tenga un rostro que inspire confianza.

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Enlace al contenido original: http://www.desdeelexilio.com/2010/10/30/psicologia-forense-entrevista-a-stephen-porter/
Fuente: 

viernes, 20 de marzo de 2015

Anatomía de la violencia: ¿es diferente el cerebro de un criminal?

¿Presentan las personas violentas y los criminales rasgos biológicos y, más concretamente, cerebrales, que los identifiquen y permitan prever su futura conducta delictiva cuando son aún niños? Esta pregunta, que ha inquietado a psicólogos, psiquiatras y a muchas personas en general durante décadas, ha encontrado en los últimos años ciertos indicios que parecen indicar que su respuesta podría ser afirmativa. Sin embargo, la constatación de que ciertas características anatómicas y fisiológicas de los individuos de comportamiento más antisocial podrían hallarse detrás del mismo ha suscitado también un profundo dilema ético parejo a los propios estudios: ¿hasta qué punto es moralmente aceptable la intervención en este tipo de personas, cuando aún son jóvenes que no han cometido crimen alguno, con el fin de prevenir potenciales conductas criminales en el futuro?
En el mundo de la Psicología y de la Psiquiatría existen tanto partidarios como detractores de tal género de intervención, por lo que la dimensión moral de la materia permanece aún difusa; no obstante, en el aspecto puramente científico, son diversos los estudios que se han llevado a cabo mientras tanto y que, como adelantábamos al comienzo, han arrojado a la palestra resultados más que interesantes.
¿Y qué mejor lugar que la página web de la American Psychological Association (APA), www.apa.org, para echar un vistazo a las últimas novedades en este complejo campo? En un breve artículo (en inglés), cuya dirección web podrá el lector encontrar al final de esta entrada de nuestro blog, esta organización realiza un ameno resumen de los últimos avances en este campo, a través de una interesante relación de resultados concretos obtenidos.
Así pues, ¿es peculiar el cerebro de un criminal en algún aspecto? Veámoslo.

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The criminal mind
February 2014, Vol 45, No. 2
Print version: page 39

On the outside, violent offenders come in all shapes, sizes, colors and ages. But on the inside, research finds that they may share some traits. Here's a look at some of the biological risk factors psychologists and others have linked to violence — and the interventions they're testing to reduce that risk.
Brain structure and function
The amygdala — a part of the brain involved in fear, aggression and social interactions — is implicated in crime. Among the research that points to this link is a neuroimaging study led by Dustin Pardini, PhD, of the University of Pittsburgh. His team found that 26-year-old men with lower amygdala volumes were more than three times more likely to be aggressive, violent and to show psychopathic traits three years later than men of the same age with more normal-sized amygdalas — independent of factors including history of violence and social background (Biological Psychiatry, 2013).
Other research, such as an fMRI study led by psychologist Andrea Glenn, PhD, of the University of Alabama, suggest that amygdala functioning — not just size — is also more likely to be reduced among those with psychopathic tendencies (Molecular Psychiatry, 2009).
At least one study indicates that such deficits may appear long before people commit crimes. Adrian Raine, DPhil, of the department of criminology at the University of Pennsylvania, led a study with Yu Gao, PhD, at CUNY-Brooklyn that examined fear conditioning, which is dependent on amygdala function, in a group of 1,795 3-year-olds. The researchers put electrodes on the children's fingers while repeatedly playing two tones: one that was followed by a loud, unpleasant sound and another that was played alone. Subsequently, the difference in sweat responses to each tone by itself yielded a measure of each toddler's fear conditioning. Twenty years later, the team identified participants who had gone on to commit crimes and compared them with noncriminal counterparts, matching them on gender, ethnicity and social adversity. They found that those children who went on to commit crimes had "simply failed" to demonstrate fear conditioning, Raine says. In other words, they were fearless when most of us would be fearful. This finding suggests that deficits in the amygdala, which are indirectly identifiable as early as age 3, predispose to crime at age 23 (The American Journal of Psychiatry, 2010).
The anterior cingulate cortex (ACC), which plays a major role in behavior regulation and impulsivity, has also been linked to crime. Psychologist Kent Kiehl, PhD, and colleagues at the University of New Mexico used fMRI to look at the brains of nearly 100 adult male inmates while they completed a cognitive task involving inhibitory control. They found that prisoners with lower ACC activity were twice as likely to reoffend four years after they left prison than prisoners with higher ACC activity (PNAS, 2013). While such studies need replication and extension, Raine says, they are "proof of the concept that there may be added value with bringing on board neurobiological information, including brain imaging information, for future prediction of violence."

Change brain to change behavior
If we know that certain brain characteristics may predispose some people to violence, what can we do about it? Intervene — and the earlier, the better, says Raine, author of "The Anatomy of Violence" (Random House, 2013).
In one intervention, for example, he and colleagues found that 3-year-olds who had been assigned to an enrichment program focused on nutrition, exercise and cognitive skills had better brain functioning at age 11 and a 34 percent reduction in criminal activity at age 23 when compared with a control group that did not receive the intervention (American Journal of Psychiatry, 2003). Intervening even earlier, David Olds, PhD, of the University of Colorado, has found that pregnant low-income mothers who were visited regularly by home nurses who talked to them about health, education and parenting were less likely to have children who were arrested by age 15 (Infant Mental Health Journal, 2006).
Even simple interventions may make a difference. In one preliminary study, prisoners assigned to a 10-week yoga class improved their impulse control (Journal of Psychiatric Research, 2013). In an earlier randomized-controlled trial of British prisoners, those who received vitamin, mineral and essential fatty acid supplements committed an average of 26.3 percent fewer offenses than those who had received the placebo. They also showed a reduction in offenses of more than 35 percent, while the placebo-taking prisoners' records remained stable (British Journal of Psychiatry, 2002). A study in the Netherlands replicated the effect, and now Raine is testing a similar intervention for children.

The bottom line, he says, is that "biology is not destiny. We can change the biological roots of crime and violence — there's no question about it."

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Autora: Anna Miller
Fuente: American Psychological Association (www.apa.org)
Enlace original del artículo: http://www.apa.org/monitor/2014/02/criminal-mind.aspx