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sábado, 11 de abril de 2015

¿Un gen de la psicopatía? Jim Fallon nos lo cuenta, no sin sorpresas...

    A lo largo de la corta pero productiva vida de este blog, hemos hablado en varias ocasiones del fenómeno de la psicopatía: esa condición clínica que, caracterizada por multitud de elementos entre los que suele destacar más la incapacidad de sentir parcialmente en primera persona las mismas emociones que el resto del entorno, tan temida ha resultado a lo largo de la historia gracias a las más que prolíficas novelas, películas y series televisivas cuyos protagonistas, criminales y asesinos, son definidos bajo dicha condición.
    En este sentido, hemos hablado de varios aspectos de la psicopatía: sus manifestaciones conductuales a escala personal y social, su base neurológica, etc. Sin embargo, ¿os imagináis poder escuchar hablar de la psicopatía a un neurobiólogo especializado en ella? La oferta no parece muy sorprenderte, ¡cuántos neurobiólogos expertos en psicopatía habrá dispuestos a transmitir sus conocimientos! Muy bien, pero... ¿y si os ofreciéramos la posibilidad de escuchar hablar sobre psicopatía a un neurobiólogo especializado en ella... que además cuenta en su línea genealógica con numerosos casos de asesinos? ¿ Y si, para echar aún más pimienta en la receta, dicho científico comentase la existencia de un cierto gen que parece resultar determinante para desarrollar la psicopatía en situaciones de violencia traumática diaria? Las cosa ya parece ponerse más interesante, ¿verdad? Exacto.
    ¡Pues luces fuera! Relajáos y asistid a tal conferencia, porque de la mano del neurobiólogo y Profesor Emérito de Neurociencia Jim Fallon os podemos garantizar que no tiene desperdicio, y menos aún a través de TED, el siempre interesante archivo de conferencias de las más variopintas temáticas del saber. Aquí adjuntamos el enlace a la puesta en la web original de TED (www.ted.com), dentro de la que el espectador puede encontrar, además, una transcripción completa de la misma, así como la opción de subtitular el vídeo (originalmente en inglés) en diversos idiomas. ¡Disfrutad!



sábado, 4 de abril de 2015

Genotipo XYY y crimen: el poder del ambiente

    Cuando nos gestamos, en principio, los seres humanos somos el resultado de la unión de 23 cromosomas procedentes de nuestra madre y otros 23 procedentes de nuestro padre, configurando así los 46 que nos constituyen. En el caso de los cromosomas sexuales, inicialmente, las mujeres presentan dos cromosomas femeninos (XX), mientras que los hombres presentan uno femenino y otro masculino (XY). No obstante, en ocasiones se producen anomalías en esta configuración, pudiendo así existir personas con un único cromosoma X, con tres cromosomas femeninos (XXX, llamadas las superhembras) y, por último, con un cromosoma femenino y dos masculinos (XYY, denominados los superhombres).

    En este último caso, el descubrimiento de una cierta vinculación estadística del genotipo XYY con casos criminales de violencia y asesinato enseguida disparó las alarmas acerca de si esta configuración genética podía explicar y servir para prever de por sí la conducta criminal de muchos hombres. De hecho, se ha llegado a denominar a este cariotipo “el gen del crimen”.

    Sin embargo, y a pesar de que la mencionada prevalencia de este genotipo entre los criminales convictos por delitos de violencia y asesinato es estadísticamente mayor que entre otros colectivos de delincuentes, los científicos afirman que el factor crucial para generar conductas violentas en un superhombre no es otro que el ambiente en el que éstos crecen y la vivencia de su infancia. Factores que, en definitivamente, existen en la totalidad de la población, con independencia de la configuración genética.

    ¿Se trata, por lo tanto, de un estigma injusto hacia estas personas? En la web www.belt.es hemos encontrado una interesante publicación acerca de esta cuestión, la cual aborda los motivos estadísticos y científicos que, de distinta forma, apoyan y desmienten la preconcepción del genotipo XYY como una predisposición natural hacia la violencia y el crimen.

    Al final de esta entrada, el lector puede encontrar el enlace web al contenido original.

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Marcados por el "cromosoma del crimen"

Nuevos estudios confirman que la anomalía cromosómica XYY es más frecuente entre los asesinos en serie y los violadores
Los especialistas descartan que los genes, por sí solos, conviertan a una persona en homicida

La Ciencia lleva más de tres décadas buscando una explicación genética al comportamiento aberrante de un asesino o un violador. Aspira a comprobar si el instinto de matar y la violencia están marcadas por una determinada configuración del ADN en nuestras células. Puede que así, en un futuro, la sociedad sea capaz de abortar o prevenir los crímenes más horrendos. Contamos con 22 pares de cromosomas -numerados del 1 al 22- y un par 23 que contiene la información sexual (XX para las mujeres y XY en el caso del varón). La repetición o ausencia de algún cromosoma desencadena el nacimiento de seres humanos con alguna anomalía. Por ejemplo, la trisomía (tres cromosomas) del par 21 da lugar al Síndrome de Down. Pero en otros casos, la normalidad se rompe en los cromosomas sexuales y una alteración en concreto -tener dos cromosomas Y- se ha vinculado con un comportamiento violento y criminal que ha llevado a bautizar al Síndrome de Jacobs -descubridor de esta aneuploidía- como «el cromosoma de la criminalidad».

En los años setenta, muchos vieron en esta anomalía la explicación al comportamiento de los asesinos en serie. Es cierto que muchos homicidas portan este cromosoma. Su presencia entre los convictos más peligrosos y sanguinarios es mayor que en la población general. Pero, hoy, 44 años después de que el XYY fuera descrito, genetistas y forenses no creen que los genes conviertan a una persona en un criminal, ya que los factores sociales y ambientales influyen demasiado.

Sin embargo, nuevas investigaciones confirman que sí existe cierta vinculación entre el XYY y un comportamiento antisocial. En un estudio publicado por la revista «American Journal of Medical Genetics», investigadores alemanes encontraron el «cromosoma criminal» en el 1,8 por ciento de los agresores sexuales que examinaron. Esta alteración era mucho más común en este colectivo que en el resto de los convictos seleccionados al azar (0,7-0,9 por ciento) o respecto a la población general (0,01). Dos de los tres hombres de la muestra que nacieron con el XYY habían cometido varios homicidios, y los tres fueron definidos por los psiquiatras forenses como sádicos sexuales y psicópatas. Eso sí, por otra parte, independientemente de los dictados del ADN, en los tres violadores confluían circunstancias que, a la larga, les habían llevado a ser lo que son. Por ejemplo, habían sufrido abusos en su infancia.

El autor de la investigación, Peer Briken, del Instituto de Investigación Sexual y Psiquiatría Forense de la Universidad de Hamburgo (Alemania), declaró a LA RAZÓN que «los factores genéticos sólo son importantes cuando concurren con otros de tipo ambiental. Realmente la presencia de XYY es rara y no debería preocuparnos como un gran comportamiento antisocial, pero hay que estar atentos a su presencia en los agresores sexuales».

Altos, delgados y con acné

Los individuos con un cromosoma Y duplicado suelen presentar una serie de patrones comunes. Según el instituto de Investigación en Enfermedades Raras del Instituto de Salud Carlos III, los afectados suelen ser altos y delgados, la mayoría presenta un acné severo en la adolescencia y el espermiograma revela generalmente una azoospermia (ausencia de espermatozoides) o severa oligospermia (tienen pocos).

También es frecuente que sufran dificultades en el lenguaje o problemas de aprendizaje y el fracaso escolar es una constante. «Esto es debido a problemas en su desarrollo cerebral, pero no siempre los afectados por este Síndrome tienen alta estatura», añade Briken.

Desde luego, no se cumple la norma general en el mayor asesino en serie de la historia de España, Manuel Delgado Villegas, más conocido como «El arropiero». Este sevillano, nacido el 25 de enero de 1943, portaba el cromosoma de la criminalidad. Con sus fuertes manos y empleando un golpe mortal que aprendió en la legión o valiéndose de objetos contundentes asesinó a un número indeterminado de personas. Tantas, que ni siquiera la Policía daba crédito a su confesión. Decía haber matado a casi medio centenar de personas a lo largo y ancho de España y del extranjero. Finalmente, sólo pudieron ser probados siete homicidios. Villegas también abusaba sexualmente de los cadáveres de sus víctimas.

Relación entre genes y crimen

A pesar de la alta prevalencia del XYY entre asesinos y violadores, muchos genetistas no dan crédito al vínculo entre genes y crimen. «En los años setenta y ochenta se estudió este asunto, pero creo que es una burbuja que se ha ido haciendo más grande. Ni tener un cromosoma de más, ni que éstos sean de mayor tamaño influye tanto en tener un comportamiento antisocial», asegura María José Calasanz, responsable del Servicio de Citogenética del Departamento de Genética de la Universidad de Navarra. «Se han llevado a cabo numerosos estudios, pero ninguno ha sido concluyente porque la muestra de la que parten es pequeña. Además, en otras circunstancias se pierden cromosomas sexuales -en pacientes con leucemia o a edades avanzadas-, y no por ello presentan tendencias asesinas», concluye. El equipo del doctor Briken recomienda estar atentos a los adolescentes que puedan presentar esta anomalía y también en agresores sexuales adultos, pero reconoce que son necesarias más investigaciones.

Otros estudios han demostrado un aumento de los niveles de testosterona o determinados neurotransmisores en situaciones de estrés intenso en los marcados por el XYY. En 2001, otra investigación entre agresores sexuales adolescentes, publicada en «Psiquiatría Genética», encontró que más del 5 por ciento de los jóvenes analizados tenían alguna anormalidad en los cromosomas sexuales.

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Enlace al contenido original: http://www.belt.es/noticiasmdb/home2_noticias.asp?id=1964

sábado, 28 de marzo de 2015

Genética Forense y Técnicas de Reproducción Asistida: En guardia ante lo inesperado.

El tema de este post es muy diferente a lo que se suele esperar cuando se habla de "criminología". Además de sucesos normalmente impactantes, debemos tener en cuenta todo el trabajo de investigación en laboratorio. es muy probable que nos suenen cosas como "análisis de un pelo del asesino", "análisis de una muestra de sangre", "las huellas dactilares", etc. Pero detrás de todo esto se encuentra el verdadero trabajo laborioso para resolver casos. 
Pensamos que es sencillo, que los datos vienen solos y los interpretamos tal cual los encontramos, pero en este artículo se muestran ejemplos y casos que pueden alterar un poco la forma en la que se creía que había sucedido el crimen, o los problemas que nos encontramos en esta tarea. 

Como bien se sabe, la genética guarda mucha relación con la criminología, pero si hay algo que ha facilitado mucho el estudio de la genética, no son tanto las pruebas orgánicas encontradas, sino la importancia de la PCR y estudios de electroforesis (aunque como se verá también puede haber problemas con los datos). 
Espero que os guste.




GENÉTICA FORENSE Y TÉCNICAS DE REPRODUCCIÓN ASISTIDA: EN GUARDIA ANTE LO INESPERADO

FORENSIC GENETICS AND ASSISTED REPRODUCTION TECHNIQUES: CAUTION TO THE UNEXPECTED

Resumen: Desde que Alec Jeffreys dio a conocer la huella genética, el ADN se ha convertido en una herramienta imprescindible para los investigadores del crimen. Su poder para la identificación se fundamenta en la seguridad de que el ADN de cada persona procede indudablemente de sus progenitores, siendo único e irrepetible. Sin embargo la naturaleza puede generar alteraciones que parecen contradecir esos preceptos, conduciendo a error a los expertos forenses. El quimerismo es un buen ejemplo. Asimismo las transfusiones, trasplantes de órganos así como las técnicas aplicadas en reproducción humana asistida, son capaces de generar unos resultados genéticos difíciles de interpretar por un forense. En el presente trabajo se dedica a revisar cómo estos procedimientos se han convertido involuntariamente en una posible fuente de error para investigadores del crimen.

Abstract: Since Alec Jeffreys discovered the genetic fingerprint, DNA has become an indispensable tool for crime investigators. His power for identification is based on the certainty that the DNA of each person comes undoubtedly from their parents, being unique. But nature can generate disturbances that seem to contradict those precepts, leading to mislead the forensic experts. Chimerism cases are a good example. Also transfusions, organ transplants and the techniques used in assisted human reproduction are able to generate genetic results difficult to interpret by forensics. The present work is devoted to review how these procedures have become involuntarily, a possible source of error for crime investigators.



LOS PRIMEROS PASOS DE LA HUELLA GENÉTICA

“That’s my boy”. Este es el titular que eligió un conocido periódico inglés para encabezar la noticia sobre la resolución del caso Sarbah versus Home Office, a favor del demandante. Fue el diecisiete de mayo de 1985. Esta historia con final feliz comenzó dos años antes cuando Andrew, el hijo de trece años de Christiana Sarbah regresaba a su casa en Londres, tras pasar una larga temporada en la India junto a su padre. Sin embargo no pudo conseguir su objetivo porque ante su sorpresa, fue detenido en el aeropuerto de Heathrow. Se le acusaba de un grave delito: no era quien decía ser.

Según se le hizo saber había fundadas sospechas de que el verdadero Andrew había cedido su pasaporte a un familiar, para facilitar su entrada a Inglaterra de forma ilegal. De nada sirvieron las declaraciones de la madre y hermanos del detenido. Tampoco las comparaciones hechas mediante fotografía porque según se argumentó, si el suplantador era, como se suponía, hijo de una hermana de Christiana, cabía esperar un cierto parecido familiar.

Así estaban las cosas hasta que los trabajadores del Hammersmith Law Centre, una institución dedicada a proporcionar ayuda legal a los menos favorecidos, encargada de la defensa, fueron informados de un nuevo e interesante descubrimiento que les llenó de esperanza: la huella genética. De forma que se pusieron en contacto con su descubridor, un investigador de la Universidad de Leicester, Alec Jeffreys, para pedir su colaboración.

Aceptada la solicitud de auxilio, el profesor utilizó muestras de sangre de Christina Sarbah y tres de sus hijos –indiscutidos- David, Joyce y Diana, para obtener las respectivas huellas genéticas. Seguidamente las comparó con la que correspondía a quien afirmaba ser Andrew, para llegar a la conclusión de que no había intento de engaño.

Su informe fue tan contundente que el mismo Home Office después de reconocer su error, incluyó esta nueva prueba genética como una nueva herramienta para el control de inmigración.

Tras el éxito de esta primera intervención de la huella genética en el ámbito forense, no es de extrañar que pronto se viera implicada en la resolución de otros problemas de filiación. Tampoco que pronto se reclamara su auxilio en la investigación de casos criminales.

Curiosamente el primero de ellos en el que se le hizo participar tuvo una doble contribución: identificar al culpable y exonerar a quien se había sido acusado de serlo .Así fue como la Genética pasó a ser –treinta años después de que fuera descrita la estructura del ADN- una herramienta imprescindible en investigación criminal.


Sin embargo pronto se puso de manifiesto que la huella genética podía ser cuestionada ante los tribunales. El motivo principal se debía a su complejidad. En efecto, el procedimiento descrito por el profesor Jeffreys exigía trabajar con un ADN bien conservado –lo que no es habitual en los casos forenses- y además los resultados eran difíciles de interpretar. Esto último se debía principalmente a que en la necesaria electroforesis final, la superposición de bandas era inevitable, provocando que en la mayoría de los casos no fuera posible afirmar si había coincidencia entre las muestras que se comparaban o no.

De forma que se hizo necesario mejorar la técnica de análisis y esto se consiguió cuando el doctor Kary Banks Mullis, dio a conocer a la comunidad científica la reacción en cadena de la polimerasa (PCR en adelante). Esta fotocopiadora de ADN hizo posible trabajar con los pequeños fragmentos –Short Tandem Repeats o STR- que son los encargados de conformar la huella genética moderna.

El nuevo sistema presenta indudables ventajas frente al propuesto por el profesor Jeffreys. La principal es que utiliza para la identificación STRs, lo que supone que podrá funcionar en un ADN parcialmente degradado si hay suerte. También que permite el análisis de cantidades de muestra mínimas porque es extremadamente sensible. Sin embargo este incuestionable pro, es a su vez un contra puesto que lo convierte en especialmente vulnerable a la contaminación. No obstante y manteniendo las debidas precauciones en todas las etapas de la investigación, incluyendo entre ellas la interpretación de los resultados, su potencial no puede ponerse en duda.

Con el tiempo, a los marcadores tradicionales se ha unido el estudio de STR exclusivos del cromosoma Y. Son los que facilitan el estudio de la línea paterna, el análisis en casos de agresión sexual por uno o más individuos, en los que cabe esperar una contribución femenina predominante en la muestra y también cuando se debe trabajar con restos degradados, en los que falla la primera opción.

Asimismo el ADN mitocondrial ha reclamado su propio espacio y se dedica al análisis de la línea materna. Pero además gracias a su pequeño tamaño y las numerosas copias que se repiten en cada célula, es el recurso al que se opta cuando por el estado de las muestras no cabe otra posibilidad de éxito.

Más reciente es el estudio de polimorfismos de un solo nucleótido (en adelante SNPs) con los que se consigue resultados en muestras degradadas y son los protagonistas de los más recientes estudios destinados a la determinación de características físicas, como es el color de los ojos, el pelo o la piel.

Todos estos avances que se han puesto al servicio de la Justicia se sustentan en dos principios indiscutibles:

El ADN de cada persona procede de sus progenitores.

El ADN de cada persona es único e irrepetible.

Es por esto que cuando se obtienen los marcadores de ADN a partir de por ejemplo, unos restos óseos, se podrán comparar con los procedentes de personas desaparecidas buscando la coincidencia que conseguiría su identificación. O en el caso de que no se disponga de estos datos, siempre se podrá recurrir a los progenitores en base a la primera máxima anteriormente citada y problema resuelto.

Sin embargo lamentablemente la realidad no siempre se ajusta a la teoría. Porque el mismo ADN que con tanta eficacia trabaja mano a mano con los expertos forenses, puede convertirse como se verá seguidamente en la causa de su error.

POSIBLES CAUSAS DE ERROR EN LA INTERPRETACIÓN DEL ANÁLISIS FORENSE

En algunas ocasiones esto sucede porque la naturaleza tiende una trampa difícil de detectar. Recuérdese como ejemplo los casos de quimerismo, en los que se podrá encontrar en un mismo individuo, dos ADN nucleares diferentes.

Es conveniente recordar en este momento que el quimerismo puede tener un origen natural –y en consecuencia no controlado por no ser conocido- o artificial.

La literatura especializada reconoce dos posibles orígenes para la primera variedad. Por una parte se describe el denominado quimerismo transplacentario (o microquimerismo) que se produce como consecuencia del tráfico de células entre la madre y el feto. Este intercambio celular fue demostrado en su momento tras analizar el ADN en la muestra de sangre de una mujer embarazada, comprobándose la presencia de STR correspondientes al cromosoma Y.

Estos además, tal como se puso de manifiesto en posteriores investigaciones, permanecían tras el embarazo, de forma que podrían ser localizados mucho tiempo después. De hecho se ha estado ensayando la mejor forma de evitar esta interferencia cuando se trabaja con muestras forenses, comprobándose que se produce con mayor frecuencia al aumentar en número de ciclos de PCR y también cuando la cantidad de ADN es alta.

El microquimerismo se produce también en gemelos no idénticos, como consecuencia del intercambio de sangre entre ellos durante la gestación. Incluso puede deberse a un gemelo fantasma. Por este efecto se explica la presencia de marcadores masculinos, en mujeres que no han tenido hijos.

La otra variante es conocida como quimerismo tetragamético y se produce cuando dos óvulos fecundados se unen para formar un único individuo. En esta situación el nuevo organismo estará constituido por dos dotaciones genéticas diferentes, como si se tratara de dos personas en una. Lo que evidentemente puede llevar a confusión al encargado de interpretar el análisis genético, tal como se muestra en algunos casos curiosos que describe la bibliografía.

Se trata de historias en las que se ha cuestionado la paternidad o maternidad en base a discrepancias genéticas que al final, han sido explicadas satisfactoriamente.

Por último y para cerrar este grupo de quimeras naturales, se debe mencionar aquellas que tienen origen en diferentes variedades de cáncer, capaces de proporcionar resultados que en principio parecen inexplicables para los investigadores forenses. Sirva como muestra el descrito en el artículo que consta en la referencia. Trata sobre el análisis genético realizado sobre las muestras procedentes del cadáver de un hombre, hallado en su casa. Resultó que durante el examen médico forense se detectó una emasculación parcial como única lesión. Tras la necesaria investigación –y apoyándose en la ausencia de más daños- se llegó a la conclusión de que el responsable de esa emasculación debió ser el perro del finado. En consecuencia se sometió al animal a un tratamiento con eméticos para conseguir recuperar la pieza en cuestión.

Después se realizó el necesario análisis de ADN destinado a determinar si –tal como se esperaba- procedía del cadáver y los resultados ante la sorpresa de los investigadores, fueron excluyentes.

Se procedió entonces al estudio de la historia clínica del fallecido, comprobándose que no incluía tratamiento o intervención alguna que pudiera explicar la discrepancia. Sin embargo se pudo comprobar que padecía un linfoma. En consecuencia, ante la imposibilidad de obtener muestras de los padres del occiso para determinar un posible origen natural de la quimera, y atendiendo a los datos que se conocen sobre este efecto en enfermos de cáncer, se optó por aceptar que efectivamente esta patología fue la responsable de la confusión.

Por su parte el quimerismo artificial tiene un origen iatrogénico. Se debe por ejemplo, a transfusiones sanguíneas. También a trasplantes de médula ósea, en los que la medida del grado de quimerismo es un mecanismo de control que evalúa la eficacia del trasplante. Sin embargo en ocasiones puede ser motivo de confusión cuando se trabaja en casos criminales. En el artículo de la referencia25 se describe un caso en el que se aborda el análisis de ADN de las muestras –hisopo vaginal, ropa interior e hisopo bucal de referencia- procedentes de una mujer que según se sospechaba, había sido violada mientras se encontraba inconsciente. Esta hipótesis pareció confirmarse tras obtener dos perfiles de ADN en las dos primeras muestras y uno único en la de referencia. Sin embargo al realizar análisis complementarios sobre muestras de sangre y pelo de la supuesta víctima, se encontraron perfiles diferentes al procedente de su saliva.

La explicación a esta aparente contradicción se encontró en un trasplante de médula ósea, realizado para tratar una leucemia y en el que el donante fue un niño. De hecho la bibliografía muestra datos suficientes para aceptar que tras un tratamiento de este tipo, es habitual hallar el ADN ajeno incluso en las muestras bucales.

Otros órganos objeto de trasplante han sido a su vez causa de esta alteración, como se ha demostrado al detectarse ADN del donante en muestras de sangre de los receptores de hígado y riñón. Este hallazgo sería en principio un buen indicador del éxito de la intervención, aunque por otra parte es a su vez una fuente de posibles problemas porque es susceptible de provocar una respuesta inmune del paciente. No cabe duda de que también puede serlo para los forenses.

Asimismo los conocimientos adquiridos sobre células madre podrían introducir otras posibilidades de quimerismo artificial. La hipotética existencia de células madre germinales en la médula ósea, con la capacidad de circular y colonizar diferentes órganos, sería la causa. Sin embargo de momento el asunto se halla en periodo deinvestigación.

También el avance de las técnicas de reproducción asistida va a generar involuntariamente complicaciones añadidas en la investigación criminal.

En principio porque tal como muestra la bibliografía, al potenciar los embarazos múltiples favorecen el quimerismo 30,31 32,33,34.

Sin embargo no es este el único camino para inducir a error a los expertos en Genética Forense. Se debe recordar que en este ámbito se trabaja habitualmente con el fin de identificar individuos o restos de ellos. También con la intención de asignar una muestra biológica a su donante.

Centrémonos en el primero de los supuestos y ante el problema, por ejemplo, de asignar nombre y apellidos a unos restos humanos. Esto se podrá lograr cotejando el perfil de ADN procedente de los restos problema, con otros que se hayan almacenado en bases de datos. Estas últimas pueden generarse a partir de los perfiles correspondientes a familiares de personas desaparecidas o alternativamente, guardarían aquellos que se obtuvieron de personas que en algún momento han tenido algo que ver con la Justicia.

En ocasiones el estudio conjunto del ADN problema, junto con el de los familiares, dará el resultado buscado. Pero si no es así existen otras posibilidades como son el análisis de STR del cromosoma Y o del ADN mitocondrial. De hecho la mayoría de bases de datos dedicadas a la identificación de personas desaparecidas, trabajan con este último.

Es obvio que la identificación se complicará si están de por medio las mencionadas técnicas destinadas a esquivar los obstáculos que impone la naturaleza. Será posible que el individuo a identificar sea portador del ADN materno pero no el paterno, o al revés. Otros puede que no mantengan ninguno de los dos y en este caso se puede complicar el asunto si los donantes fueran familiares de los padres.

No es el objetivo de este texto revisar los diferentes procedimientos que se aplican en la reproducción asistida, sino hacer hincapié en su posible interferencia en la investigación forense. Es por esto que en lo que sigue se va a hacer referencia a nuevos ensayos que como se verá enseguida, serían capaces de generar un auténtico puzzle genético difícil de valorar por los expertos.

Como se verá enseguida su origen se encuentra en la necesidad de esquivar enfermedades que la madre trasmite al feto, porque su herencia está asociada al ADN mitocondrial.

En principio la forma más lógica de evitar la patología en la descendencia sería seleccionar embriones masculinos y desechar los femeninos. Se trata entonces de proceder a una selección del sexo del embrión con fines terapéuticos. Conviene recordar que la posibilidad de seleccionar el sexo de la descendencia es un asunto que se viene manejando desde la antigüedad. De hecho tienen su origen en la antigua Grecia, entre el 500 al 428 a.C, y no con el fin de evitar una enfermedad, sino más bien justificados por la mayor relevancia social y cultural adjudicada en esa época a los varones. El procedimiento utilizado tenía su fundamento en una hipótesis, defendida por el filósofo Anaxagoras, según la cual los espermatozoides presentes en el testículo izquierdo originaban mujeres. Por tanto bastaba eliminarlo para conseguir la producción de individuos del sexo masculino únicamente. Después se le unieron otras propuestas igualmente curiosas. Leófanes por ejemplo, introdujo una variación al método original de Anaxagoras, al sugerir que en lugar de extirpar el testículo a anular, se atara. Por su parte Empedocles asociaba el sexo del futuro bebé a la cantidad de calor de la matriz, e incluso Aristóteles dio su opinión al respecto para mostrarse cauteloso sobre la eficacia de estos procedimientos.

Afortunadamente estas ideas iniciales han quedado en el olvido y en la actualidad se cuenta con técnicas que aseguran buenos resultados. Sin embargo recientemente se ha ido algo más allá de la simple selección del sexo y se trabaja en nuevas investigaciones que, aunque en principio se desarrollaron con el objetivo de mejorar la fertilidad, actualmente se están orientando hacia la prevención de enfermedades mitocondriales.

El origen de estas técnicas se encuentra en el conocimiento de que la calidad del citoplasma del oocito (también denominado ooplasma) es determinante para la fertilidad, siendo un factor limitante de las posibilidades de embarazo. En consecuencia pata tratar de mejorarla una de las posibilidades es recurrir a lo que se conoce como transferencia citoplasmática (o citotransfer en adelante). Mediante este procedimiento se sustituye el citoplasma del ovocito procedente de una paciente con fracaso de implantación recurrente, por otro que se extrae del procedente de una donante potencialmente fértil.

Como consecuencia y puesto que la sustitución no es completa -afecta generalmente a un 10-15% de citoplasma-, el individuo derivado sería poseedor de tres ADN, uno nuclear y dos mitocondriales (lo que se conoce como heteroplasmia).

Otra posibilidad de corregir la baja calidad del ooplasma se fundamenta en la transferencia del núcleo del oocito problema a otro sano que previamente ha sido enucleado. Este procedimiento evita en principio la presencia de dos poblaciones mitocondriales (puesto que solo se mantendrían las del citoplasma donante). No obstante se debe tener en cuenta que en los núcleos extraídos pueden quedar mitocondrias residuales. Los intentos de eliminarlas mediante tratamientos de incubación en bromuro de etidio o por centrifugación, por ejemplo. No consiguen el éxito en un 100%.

Por tanto de nuevo se debe aceptar la posibilidad de que se genere heteroplasmia.

Estas técnicas no se practican hoy en día con el objetivo para el que se diseñaron debido a lo problemas éticos que conllevan, así como por la falta de seguridad de sus resultados. Efectivamente se debe admitir que no es posible asegurar que la transferencia de citoplasma sea una técnica segura, pese a que mejore la calidad de los embriones. La misma valoración sería aplicable a la transferencia de núcleo, que además genera un rechazo añadido por su similitud con la clonación.

Sin embargo como se ha apuntado anteriormente, se están postulando como una opción para evitar la transmisión de enfermedades mitocondriales.

En este sentido e independientemente de los mencionados problemas éticos que estos procedimientos suscitan, junto con los riesgos -aún no evaluados- para la salud futura del individuo generado con su auxilio, no hay duda que de ser llevadas a la práctica, estas técnicas van a complicar el estudio genético con fines forenses, añadiendo a las posibles causas conocidas de error otras muchas de difícil control. El tiempo dirá si se pueden aceptar como una opción válida.



Mientras tanto y por si acaso, quizá sea necesario más que nunca tener presente el acertado consejo que ofreció el Maestro Holmes cuando dijo "Una vez que se descarta lo imposible, lo que queda es la verdad por improbable que parezca".


Autores; E. Pascual, Ana Castelló Ponce.
12/2014

Os dejo el link con el artículo: http://www.uv.es/gicf/4A1_Castello_GICF_12.pdf

viernes, 20 de marzo de 2015

La cuestión de la que tratamos es... "¿Por qué existe la maldad"?


Un dilema que presenta múltiples alternativas, así que antes de comenzar se esclarecerá qué es lo que se entiende por dicho término. Maldad, se define como: "las características de algunas personal que presentan malas intenciones o propósitos."

La frase de Philip Zimbardo (1933-) , "Cada uno de nosotros tiene tres posibilidades: ser pasivo y no hacer nada, ser malvado o convertirse en un héroe", nos hace reflexionar sobre nuestro comportamiento y el de los demás y se relacionan con los objetivos que queremos lograr en nuestra historia. Hay personas que se limitan a pasar por la vida como meros transeúntes, otros a causar daño a otras personas y otros aspiran a ser recordados como héroes y la cuestión que se me viene a la cabeza es : ¿Qué es lo que nos hace elegir un camino u otro, ser malos está determinado biológicamente y por lo tanto, no podemos aspirar a modificarlo y tenemos que conformarnos cómo somos...?, todas las preguntas mencionadas anteriormente es lo que ha originado diferentes estudios, sobre todo en el ámbito de la Psicología.

Algunos autores piensan que la crueldad, es fruto de la genética (Hans Brunner), otros consideran que la crueldad, es la combinación de una infancia traumática, unido a factores genéticos (Nigel Blackwood), Kent Kiehl explica que los psicópatas, tienen "Menor densidad neuronal en el sistema paralímbico, fundamental para el proceso de las emociones". Por contra , Marcelino Cereijido concluye que "no existe un gen de la maldad en el ser humano, pero hay circunstancias biológicas y culturales que propician la perversidad".

Se menciona en el escrito, la multitud de experimentos que han cuestionado; “la maldad intrínseca en el ser humano", tales como "el experimento de Milgram" o “el Experimento de la cárcel de Standford", sin llegar a una conclusión definitiva sobre la maldad, lo que nos hace participe de alguna forma, ya que ninguno de nosotros disponemos de la capacidad de conocer cuales serían nuestros propios límites ante un contexto propicio...



Enlace a la noticia original:
http://lamenteesmaravillosa.com/por-que-existe-la-maldad/