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domingo, 12 de abril de 2015

LA SEDUCCIÓN DEL MAL

Han cometido crímenes atroces: son asesinos en serie, violadores, pederastas. La sociedad les teme y aborrece. Sin embargo, cuando se analiza su estancia en prisión se constata que muchos son capaces de enamorar a mujeres y de casarse con ellas. Y que, en el caso de los asesinos, suelen lograr la admiración y la lealtad ciega de otros reclusos. Son psicópatas y pese a ello -o justamente por ello- fascinan y seducen.

En EEUU, a las mujeres fascinadas por estos individuos se las denomina Serial Killer Groupies, es decir, fans de los asesinos en serie. Los ejemplos abundan. Charles Manson, uno de los mayores asesinos en serie de EEUU, jefe de la secta que asesinó entre muchas otras personas a la actriz Sharon Tate en 1969, anunció en noviembre pasado su deseo de casarse con una joven admiradora de 25 años. Más reciente es el caso de uno de los dos autores de los atentados en la maratón de Boston. Cientos de jóvenes piden su liberatd en las redes sociales.

CASO LLEVADO AL CINE 
En España, Manuel Rabadán, elasesino de la ballesta, que mató a su padre y es autor de varios sabotajes ferroviarios, se casó en el 2003 con la enfermera que le atendía en prisión. Años antes, Juan José Garfia, triple asesino y uno de los presos más peligrosos de España, y una enfermera se enamoraron en la cárcel. En 1998 se casaron y su relación fue llevada al cine en la película Horas de luz. Miguel Carcaño, el asesino confeso de Marta del Castillo, recibe en prisión decenas de cartas (e incluso dinero) de admiradoras. Y un condenado por los atentados del 11-M, Rafah Zouheir, se casó estando preso con una madrileña.

¿Cómo es posible enamorarse de un criminal? Porque, como señala el psiquiatra y forense Àngel Cuquerella, «la capacidad de seducción forma parte del perfil esencial de los psicópatas; a través de ese magnetismo, consiguen cosas». Cuquerella recuerda el caso de un violador preso en Catalunya que enamoró a una mujer. «Ese miedo, ese morbo que emana del atroz crimen, genera a su vez curiosidad y atracción».

Según la psicóloga Sonia Tapias, «los psicópatas son seductores natos; no pueden vivir sin seducir. Seducen no por necesidad de afecto, sino para garantizarse vía libre a sus deseos. Tienen la capacidad de reconocer a los que son vulnerables: personas con una baja autoestima o que presentan carencias afectivas».

VÍCTIMAS DE MALTRATO 
La estadounidense Sheila Isenberg, autora del libro Women who love men who kill (Mujeres que aman a hombres que matan), explica a este diario que en varias mujeres que se casaron con presos peligrosos ha encontrado un patrón común: «Eran mujeres que de niñas habían sufrido algún tipo de maltrato o de abuso». «Muchas veces son relaciones solo románticas, sin contacto sexual. Al estar ellos muy aislados ponen toda su atención en esas mujeres, que creían que nunca podrían encontrar a un hombre, y que se sienten así, por primera vez, únicas y especiales». Un elemento clave es que ellos están en prisión y ellas fuera. «Ellas sienten que tienen el control de un hombre, y es la primera vez en la vida que les ocurre», explica. Según Isenberg, «hay mujeres que se acercan a estos asesinos solo por afán de notoriedad; cuanta más fama tiene el criminal, más fans consigue».

El psquiatra y forense Luis Borrás incide en que normalmente esas mujeres tienen un pasado de maltrato «y algunas de ellas sienten esa necesidad de sufrir, se ha generado en ellas un elemento masoquista». Este experto sostiene que hay otro grupo de mujeres que suele caer enamorada de criminales psicópatas. «Son mujeres muy maternales, que quieren hacer más de madre que de esposa y que creen encontrar en esos presos personas a quienes proteger e intentar cambiar», explica.

Los especialistas describen esta pulsión como fantasía de rescate o el síndrome de la bella y la bestia, mujeres a las que atrae la idea de acercarse a un hombre peligroso y redimirle. Borrás argumenta cómo es posible que esas mujeres pierdan el miedo a esos hombres: «Al principio, sí les temen, pero como ellos son tan simpáticos y fascinantes, resultan seducidas. Pasan de tenerles miedo a sentir pena y querer protegerles».

Hay casos extremos. Mujeres con hibristofilia, un trastorno que sufren personas que solo se excitan sexualmente con individuos que han cometido crímenes.

También hay una explicación antropológica, agrega Borrás: la identificación de rasgos violentos con rasgos viriles; la búsqueda del macho alfa. «Los machos compiten y el más agresivo se lleva a la hembra».

Tapias señala que esa atracción trasciende las relaciones amorosas. Es habitual que esos individuos cuenten con nutridos grupos de fieles seguidores: «El psicópata intentará ganar el máximo de adeptos a su causa entre los más débiles. Elegirá siempre compañeros que no le hagan sombra. Así se garantiza el control». El interés del psicópata casa con la necesidad de personas débiles que se sienten «atraídas por el liderazgo y el carisma del psicópata»

Enlace a la noticia original

Autor: ANTONIO BAQUERO BARCELONA
Fuente: el Periódico SOCIEDAD
Fecha de publicación: DOMINGO, 22 DE JUNIO DEL 2014

martes, 31 de marzo de 2015

Los psicópatas no aprenden del castigo

El post de hoy irá mas enfocado a temas de investigación, en este caso en psicópatas.
Como alguno de mis compañeros en este blog ha comentado, el cerebro de un psicópata es algo diferente al de una persona que no lo es. Este artículo que os presento hoy no solo habla de esto, sino también de cómo es diferente en cuanto al aprendizaje, es decir, que un psicópata no tiene una actividad tan alta en el cingulado posterior y en la ínsula anterior cuando eran castigados como en una persona normal. 

Aclararé que el cíngulo se encarga de los cambios en la conducta del individuo y la ínsula se basa mas bien en la motivación y emoción. 

También, además de las diferencias entre personas normales y psicópatas, es necesario decir que existen otras distinciones entre criminales no psicópatas y psicópatas.

Os dejo debajo el link.




LOS PSICÓPATAS NO APRENDEN DEL CASTIGO
Charles Manson (en la imagen escoltado al juzgado) y su 'familia' cometieron una serie de asesinatos a finales de los sesenta. Cumple cadena perpetua. / WALLY FONG (AP PHOTO)



Los psicópatas condenados por delitos graves muestran una actividad cerebral diferente de la del resto de personas, incluidos otros asesinos. El escáner cerebral a una treintena de criminales muestra que los afectados por una psicopatía presentan anomalías en las partes del cerebro implicadas en el aprendizaje. Pueden aprender de los premios, pero parecen incapaces de hacerlo con el castigo.

Un grupo de psiquiatras forenses y neurocientíficos han tenido la rara ocasión de echar un vistazo en el cerebro de una docena de psicópatas británicos encarcelados por asesinato, violaciones o intento de homicidio. Registraron su actividad cerebral con la técnica de imagen por resonancia magnética funcional (FNRI, por sus siglas en inglés) mientras realizaban una serie de ejercicios donde podían ganar o perder puntos.

Para poder comparar sus resultados y buscar las diferencias, los investigadores realizaron el mismo experimento con una veintena de reclusos condenados también por delitos muy graves pero que no habían sido diagnosticados con psicopatía. Otras 18 personas sanas y libres completaron la muestra. El ejercicio era una sencilla tarea de elegir una imagen de entre una pareja. Si acertaban, recibían 100 puntos, si perdían se los restaban. Para provocar cambios en la conducta, al cabo de cierto tiempo, en un porcentaje de las pruebas, el juego penalizaba lo que ellos creían que era un acierto. Buscaban así un aprendizaje adaptativo.

La muestra incluye a una docena de psicópatas y una veintena de criminales sin rasgos psicóticos
"En comparación tanto con los hombres normales y no violentos como con los violentos antisociales que no son psicópatas, el grupo psicopático mostró un aumento de actividad anormal en el cingulado posterior y en la ínsula anterior cuando eran castigados de forma inesperada", dice el doctor delInstituto de Psiquiatría del King's College de Londres, Nigel Blackwood.

Ambas zonas del córtex cerebral están implicadas en el aprendizaje basado en premios y castigos. El giro cingulado, en particular, estaría relacionado en la modificación de la conducta en respuesta a un cambio inesperado, según anteriores investigaciones. En cuanto a la ínsula anterior, interviene en la motivación. Estudios previos han demostrado, por ejemplo, que una lesión en esta zona puede afectar al cálculo a la hora de tomar decisiones que puedan acarrear un resultado negativo.

Sin embargo, la actividad cerebral tras un premio era completamente diferente. Según explican los autores de la investigación en la revista Lancet Psychiatry, el escáner cerebral de los delincuentes no psicópatas y los no delincuentes mostraban una gran actividad en estas zonas cerebrales cuando eran premiados, algo que no sucedía en la misma medida en el caso de los psicópatas.

El cingulado anterior (en amarillo) del córtex cerebral interviene en el aprendizaje. La gráfica muestra el patrón ante recompensas (en verde) y castigos (en rojo). Sólo los psicópatas (derecha) muestran un aumento de actividad ante el castigo. / BLACKWOOD ET AL/ THE LANCET PSYCHIATRY

Analizada en conjunto, la actividad cerebral y las conexiones entre distintas partes del cerebro de los psicópatas eran muy diferentes de la de los otros dos grupos. "Encontramos anormalidades funcionales tanto en la materia gris como en las fibras nerviosas de la materia blanca entre los criminales violentos con psicopatía", explica la psiquiatra de la Universidad de Montreal y coautora de la investigación, Sheilagh Hodgins. Mientras la primera está implicada en el procesamiento de la información y la cognición, la segunda coordina el flujo de información entre las áreas cerebrales.

Antes de tomar una decisión, los humanos sopesan los posibles resultados. "Los criminales con psicopatía podrían considerar solo las posibles consecuencias positivas y fallarían al valorar las posibilidad de un resultado negativo", sugiera la investigadora canadiense. Es como si no aprendieran de los castigos o errores. "El castigo indica la necesidad de cambiar la conducta. En determinadas situaciones, estos criminales tienen dificultad para aprender del castigo para modificar su conducta", añade. Así que no se trataría solo de falta de empatía hacia los demás.
El patrón de actividad cerebral es muy diferente entre delincuentes psicopáticos y otros asesinos

Como recuerda el experto británico, "los delincuentes psicópatas son diferentes de los otros criminales en varios aspectos. Éstos son híper sensibles a la amenaza, irascibles y agresivos, mientras que los psicópatas presentan una baja respuesta a las amenazas, son fríos y su agresividad es premeditada".

Para los investigadores, aunque habría que realizar nuevos estudios con muestras mayores, sus resultados indican que los actuales sistemas de tratamiento y posible reinserción de los psicópatas tienen que cambiar. Como dice Blackwood: "En la actualidad, los programas tratan a todos los hombres antisociales como un único grupo y sabemos que los psicópatas no los siguen muy bien. Nuestro trabajo apunta a la necesidad de adaptar estos programas para que tengan en cuenta la diferente forma de procesar la información de los castigos de los psicópatas".

Por cierto, a lo largo del artículo siempre se ha hablado de hombres. En la muestra estudiada no había mujeres. "La gran mayoría de los individuos con trastorno de la personalidad violento y antisocial son hombres. Existen mujeres psicópatas, pero son comparativamente escasas", aclara el científico británico.



AUTOR: MIGUEL ÁNGEL CRIADO
FUENTE: elpais,com
FECHA: 27 ENERO 2015


domingo, 22 de marzo de 2015

Impulsividad, inteligencia y psicopatía

INTRODUCCIÓN

En este trabajo de revisión teórica, se abordará el término “psicópata”, presentándose la evolución del concepto a lo largo del tiempo. En la presente revisión, se va a realizar una exploración de distintos estudios que se centran en la relación entre la psicopatía y el control de los impulsos, apoyándose en pruebas psicométricas, técnicas de neuroimagen y entrevistas. Se tratará de averiguar el nivel de correlación entre el grado de impulsividad y el desarrollo de la corteza dorsolateral del lóbulo prefrontal. El déficit que muestran los psicópatas en dichas funciones explica gran parte de su conducta antisocial y carente de afectividad (1, 2). Por otro lado, se abordará el fenómeno de la psicopatía subclínica. Los psicópatas subclínicos no suelen delinquir, sino que se integran en la sociedad, pero pueden resultar excesivamente competitivos en sus lugares de trabajo y tender a la manipulación y explotación interpersonal, arruinando la vida de las personas de su entorno.

Evolución histórica del término “psicopatía”

¿Qué es la psicopatía? Las acepciones de este término han ido evolucionando históricamente, en especial, a lo largo de los dos últimos siglos, empezando por las definiciones de autores clásicos en la Psiquiatría como Philippe Pinel (3), que calificaba a los psicópatas como personas que van en contra de las normas, empleando el término “locura sin delirio”, y enfatizando su falta de remordimientos y ausencia completa de restricciones. Emil Kraepelin (4) propuso el término “personalidad psicopática” para referirse a “personalidades pobremente dotadas por influencias hereditarias y otras influencias físicas tempranas en el desarrollo; cuya condición era parte de un proceso irreversible”. Robert D. Hare (5), afirma que “los psicópatas utilizan encanto superficial, manipulación, engaño, intimidación y violencia para controlar a otros y satisfacer sus propias necesidades egoístas,… carecen de conciencia y sentimientos hacia los demás, con sangre fría cogen lo que quieren y hacen lo que les apetece, violando las normas y expectativas sociales sin el más leve remordimiento, culpa o vergüenza”. El Dr. Hare realiza una clara distinción, afirmando que "psicopatía no es sinónimo de criminalidad". El Dr. Hare hace mención a la definición de "Psicópatas de cuello blanco", citada por el Dr. Freeman (6): “algunos trabajadores informales y poco fiables, empresarios depredadores y sin escrúpulos, políticos corruptos o profesionales sin ética que usan su prestigio y su poder para victimizar a sus clientes".

Psicópatas “éxitos” y “no exitosos”

El Dr. Adrian Raine (7) halló pruebas de disminución de la actividad prefrontal y aumento de la subcortical en el cerebro de asesinos convictos, datos apoyados por estudios posteriores (8, 9). Estos cambios fueron observados sobre todo en asesinos que habían cometido crímenes de forma impulsiva, mientras que en los condenados por asesinato premeditado se detectó una actividad con parámetros dentro de la normalidad. En 2000, el Dr. Raine (10), mediante estudios de neuroimagen estructural, obtuvo resultados que mostraron que personas diagnosticadas de trastorno antisocial de la personalidad mostraban un 11 por ciento de reducción del volumen de la sustancia gris de la corteza prefrontal. En 2005, Yang (11) escogió una muestra de sujetos que provenían de agencias de empleo temporal de Los Ángeles y detectaron a varones con puntuaciones altas en pruebas psicométricas estandarizadas de psicopatía. Se obtuvo un certificado de confidencialidad de la Secretaría de Salud y Servicios Humanos de Norteamérica que protegía a los investigadores de ser citados por cualquier tribunal de justicia para dar información que hubieran recibido de los participantes en el estudio. Algunos de los sujetos de la muestra fueron capturados y condenados tiempo después por haber cometido crímenes, pero otros –que confesaron a los investigadores haber llevado a cabo crímenes– salieron impunes de sus actos criminales. En base a lo anterior, los sujetos fueron divididos en dos grupos: psicópatas “sin éxito” y “con éxito”. Yang empleó RM estructural para medir el volumen de la corteza prefrontal de estos individuos y hallaró que los psicópatas sin éxito tenían una reducción del 22.3 por ciento del volumen de la sustancia gris de esa región (diferencia significativa). Por el contrario, Robert Hare prefiere no tildarles de “exitosos”, pues afirma que “eran las mismas personas antes y después de su detención y/o desenmascaramiento. Son psicópatas ahora y eran psicópatas antes” (12).

Psicopatía subclínica

En 1941 el Dr. Hervey Milton Cleckey (13) puso el foco de atención en los aspectos personales y emocionales del psicópata, sin restar importancia a los conductuales, pero considerándolos como variable dependiente de los primeros. En 1976, tras la quinta edición del libro de Hervey Milton, The Mask of Sanity, Robert Hare (14, 15, 16) validó empíricamente las observaciones y descripciones clínicas que durante años había mostrado Milton en sus estudios de caso. El novedoso hallazgo de estas investigaciones y estudios de caso fue la distinción entre la conciencia o empatía cognitiva y la conciencia o empatía moral en los psicópatas. Los psicópatas subclínicos serían aquellos individuos que no delinquen o cuyos actos delictivos no son detectados. En este sentido, se ha desarrollado en el ámbito de la investigación, el modelo de la llamada “Tríada oscura de la personalidad”, la cual incluye los rasgos psicopatológicos del maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía subclínica (17). Cada vez es mayor la sensibilidad clínica hacia los sujetos que no son transgresores de las leyes, pero que se denominan “psicópatas integrados” (18). Los psicópatas no tienen una pérdida de contacto con la realidad, ni experimentan los síntomas característicos de la psicosis. A diferencia de los psicóticos, los psicópatas son plenamente racionales y conscientes de lo que hacen y por qué lo hacen. Su conducta es el resultado de su elección, libremente realizada, convirtiéndose en el más perfecto depredador de su propia especie (19, 20, 21).

DISCUSIÓN

El hecho de que la disminución de la actividad prefrontal y el aumento de la subcortical se hallara en los asesinos más impulsivos, mientras que los psicópatas no condenadores sugiere que el incremento en la actividad de la amígdala reflejase un aumento en la tendencia a manifestar conductas agresivas, y el déficit en la activación de la corteza prefrontal reflejase un déficit en la capacidad de inhibición de la actividad subcortical, no pudiendo así controlar la conducta agresiva los sujetos impulsivos. El hecho algunos psicópatas hubiesen cometido crímenes no detectados por la Justicia, sugiere que estos sujetos podían ejercer el control necesario de su conducta criminal como para no ser detenidos. Por tanto, lo más probable es que una estructura prefrontal relativamente intacta puede proporcionar a los psicópatas con éxito, tanto los recursos cognitivos para manipular y engañar satisfactoriamente a los demás, como una capacidad de toma de decisiones en situaciones de riesgo lo suficientemente buena para evitar una detención y captura legales. Los resultados hallados ayudan a entender cómo el poseer una corteza prefrontal que funciona correctamente ayuda a un número más o menos reducido de psicópatas a no ser capturados, pero no explica la etiología de la psicopatía. Hay muchas líneas de investigación abiertas en torno al componente genético que pueden tener estos individuos. Robert Hare lleva a cabo desde Canadá uno de los mayores esfuerzos en investigación para dar con la clave, desde diferentes enfoques: genético, psicométrico, etc. Se presupone un déficit de serotonina en estas personas y una tendencia a tener baja activación en la corteza dorsolateral prefrontal; pero los resultados de los estudios tratados demuestran que existen notables diferencias individuales entre los psicópatas.

CONCLUSIONES

El campo de la psicopatía está aún por desarrollar en cuanto a modelos etiopatogénicos, pues las consecuencias sociales del trastorno sí son bien conocidas. Una hipótesis puede ser que el ambiente module la genética de los individuos. Sería interesante llevar a cabo más estudios de gemelos monocigóticos adoptados por diferentes familias, para poder concluir con mayor exactitud qué parte de la varianza explica el factor genético en este trastorno. Puede que en algunos individuos el factor genético sea muy potente y en otros no tanto, actuando al final el ambiente como modulador. Esto tiene importantísimas repercusiones de cara al tratamiento, pues si se consiguiera detectar a tiempo este trastorno en la primera infancia, existirían considerables terapias de prevención, llegando incluso a no producirse el trastorno.

Pedro José Horcajo Gil: Psicología. Complutense de Madrid
José Luis Graña Gómez: Facultad de Psicología.
Reduca (Recursos Educativos).

Aquí os dejo el link para que consultéis bibliografía:
http://www.revistareduca.es/index.php/reduca/article/viewFile/1688/1706