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domingo, 26 de abril de 2015

Cómo obtener y evaluar el testimonio de niños abusados sexualmente

                El abuso infantil es un fenómeno, por desgracia, ciertamente frecuente en nuestros días. Para un psicólogo forense, su ámbito de trabajo en esta materia no se reduce exclusivamente a la mente y conducta del delincuente, sino también a los de los niños afectados. Y hay que hacer aquí una distinción fundamental para matizar su tarea: mientras que la salud mental y la adecuada recuperación de las víctimas del abuso infantil es tarea de los psicólogos cínicos, a los psicólogos forenses les incumbe la faceta más judicial del asunto: la de obtener una declaración por parte de los pequeños afectados por el abuso y, una vez conseguida, valorar su veracidad.
                Esto constituye una difícil tarea cuya complejidad emerge del nivel de desarrollo de los niños en su ciclo de crecimiento físico e intelectual: interactuar con ellos no sólo puede resultar complicado en general, sino más aún en el caso de las víctimas de esta clase de abusos. Por ello, en su artículo Guía de buena práctica psicológica en el tratamiento judicial de los niños abusados sexualmente, E. Echeburúa e I. J. Subijana, de la Universidad del País Vasco y de la Audiencia Provincial de Guipúzcoa, respectivamente, no solamente nos ofrecen información útil para comprender cómo es conveniente proceder a la hora de obtener y evaluar judicialmente las declaraciones de las víctimas de abuso infantil, sino también una explicación de por qué éstas llegan a hacerse necesarias.
                En este blog, hemos seleccionado los fragmentos que hemos considerado más oportuno; no obstante, el/la interesado/a lector/a puede acceder al artículo original mediante el enlace que adjuntamos al final de la entrada.

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Evaluación de la credibilidad del testimonio en los menores
¿Por qué se plantea el problema de la credibilidad del testimonio?
    En los casos de abuso sexual de menores, habitualmente no hay lesiones físicas ni tampoco testigos de lo ocurrido, por lo que el único dato probatorio puede ser el testimonio del niño. Ocurre, además, que el ciclo evolutivo del menor puede imponer restricciones a su capacidad de memoria o de percepción de la realidad (es decir, facilitar la fabulación, lo que supone confundir la fantasía con la realidad), así como propiciar la inducción de un testimonio viciado por parte de un adulto (Cantón, 2003; Cantón y Cortés, 2003). Otro problema -menos estudiado y más difícil de abordar- es que el menor oculte los abusos a pesar de existir indicios específicos de su ocurrencia o que realice una revelación parcial (Ceci y Bruck, 1995). Todo ello hace aconsejable la práctica de una prueba pericial psicológica sobre la credibilidad de las manifestaciones del menor. Es decir, se trata de determinar si el niño percibe correctamente la realidad y la recuerda adecuadamente, si distingue bien la fantasía de la realidad y si dice la verdad sin presiones externas (Alonso-Quecuty, 1995; Diges, 1997; London, Bruck, Ceci y Shuman, 2005).
    En realidad, si bien en la gran mayoría de los casos los niños no suelen mentir cuando realizan una denuncia de abuso sexual, no debe descartarse la posibilidad de que esto ocurra. De hecho, sólo el 7% de las declaraciones resultan ser falsas (fenómeno de simulación). Sin embargo, los falsos testimonios pueden aumentar considerablemente (hasta un 35%) cuando las alegaciones se producen en el contexto de un divorcio conflictivo (Echeburúa y Guerricaechevarría, 2000, 2006). En estas circunstancias los niños pueden ser objeto de utilización y de engaño por parte de un miembro de la pareja para vengarse del otro (bien por deseos explícitos de venganza, bien por la falta de aceptación de una nueva relación de la ex pareja) o para conseguir la custodia del niño o cambios en el régimen de visitas. De este modo, ciertas conductas de expresión de cariño, como caricias o besos, pueden ser malinterpretadas y sacadas de contexto por las figuras más próximas al niño (Urra, 1995, 2002). Sin embargo, lo que es relativamente común en algunos niños es retractarse de una denuncia bajo la presión de la familia (fenómeno de disimulación). La mayoría de las retractaciones son falsas. De hecho, no es infrecuente la retractación, al asustarse el menor por temor a las represalias del abusador o al percatarse de la trascendencia familiar, social o judicial de la revelación de lo sucedido. En general, los menores son más propensos a negar experiencias que les han ocurrido -y que son percibidas como traumáticas- que a hacer afirmaciones falsas sobre este tipo de acontecimientos.
    Si el menor niega los abusos al inicio del proceso judicial, puede no llevarse a cabo una valoración pericial o puede hacerse de forma inadecuada. La revelación requiere un período de tiempo apropiado, más allá de una o dos sesiones, en el que se cree un clima de confianza para que el menor pueda sentirse seguro y revelar un suceso que habitualmente constituye un profundo secreto. Por desgracia, no siempre hay una correspondencia entre los tiempos judiciales, caracterizados por la necesidad de enjuiciar los hechos en un plazo no excesivamente largo, y los tiempos psicológicos, mucho más flexibles al estar vinculados a las necesidades de recuperación del menor. Un elemento importante es la cercanía en el tiempo de la denuncia respecto a los hechos sucedidos. En general, el testimonio es mucho más creíble cuando ha transcurrido poco espacio de tiempo entre la conducta sexual sufrida y la denuncia presentada. Cuando ha pasado mucho tiempo, el efecto del olvido y la interferencia de otras entrevistas habidas (padres, policías, psicólogos, etc.) restan credibilidad al testimonio (Masip y Garrido, 2001, 2007).
Métodos de información
– Las entrevistas. La entrevista psicológica es, junto con la observación, el medio fundamental de valoración de los abusos sexuales a menores. La entrevista permite detectar los indicadores significativos relacionados con la existencia de abusos sexuales y determinar si las respuestas emitidas por el niño -emocionales, conductuales o físicas- coinciden con aquellos síntomas comúnmente considerados como efectos del abuso sexual (véase la Tabla 1) (véase Echeburúa y Guerricaechevarría, 2000; Vázquez Mezquita, 2004). No obstante, estos síntomas pueden variar en función de una serie de variables relevantes: el tipo y gravedad del abuso, las diferentes edades y conocimientos sexuales de los menores, las relaciones afectivas previas entre víctimas y abusadores, la reacción diferencial del entorno ante la revelación del menor, etc. Las entrevistas con el menor deben hacerse en un ambiente protegido y en un clima empático, de forma que se posibilite la expresión adecuada de las emociones y de los pensamientos. En ocasiones, favorecer una primera revelación puede requerir varias sesiones, dado que no siempre resulta fácil que el niño se atreva a romper su silencio y comience a relatar los sucesos abusivos. Asimismo deben adaptarse a la fase del ciclo evolutivo en que se encuentra el menor y a la situación emocional que atraviesa como consecuencia del suceso traumático. Desde un punto de vista técnico, las entrevistas deben responder a la técnica del recuerdo libre, vertebrado en torno a una batería de preguntas abiertas y no directivas, lo que supone evitar las preguntas cerradas de naturaleza sugestiva o inductora. Se debe eludir tanto la entrevista tipo interrogatorio como la entrevista excesivamente paternalista. En la medida de lo posible, la exploración debe realizarse de forma individualizada, evitando expresamente la presencia de personas que puedan tener algún interés especial en el caso. También dichas entrevistas deberían grabarse en vídeo e integrarse en el expediente judicial. De este modo, además de contar con el material de trabajo sobre el que se ha efectuado el dictamen, se puede proteger al menor de reconocimientos posteriores no siempre justificados. Respecto a la información general, las entrevistas deberán prestar atención al estado emocional del menor, al desarrollo evolutivo del niño, a sus recursos psicológicos, a sus aficiones, a sus fuentes de apoyo familiar y social y a su adaptación a la vida cotidiana (escuela, amigos, familia, etc.), así como a la estabilidad familiar. En cuanto al tema de los abusos sexuales, la entrevista se centrará en la fiabilidad y calidad de los hechos narrados, en la posible presión por parte de otros adultos, en los conocimientos sexuales del menor y en los efectos de la revelación o de la denuncia sobre el menor y el resto de la familia. Hay también un lenguaje no verbal (mirada, enrojecimiento facial, demora en las contestaciones, dudas en las respuestas, gesticulación, movimientos de manos y piernas, etc.) al que hay que prestar la atención debida. En general, el testimonio es creíble cuando supone un relato claro y coherente de lo ocurrido, sin contradicciones fundamentales, con un lenguaje adecuado a su edad y una expresión emocional apropiada, cuando no hay motivaciones secundarias para mentir o fabular y cuando es consistente con la información adicional que se tiene del caso. Por el contrario, el testimonio es poco creíble cuando responde a un relato confuso y contradictorio, cuando ha habido ya muchos informes o intervenciones anteriores y cuando ha habido una dilación no justificada en la revelación o en la presentación de la denuncia.
– El análisis de la veracidad de la declaración. Tal como se ha desarrollado por Undeutsch (1998) y por Steller y Köhnken (1994), se trata de un método complejo que tiene como objetivo diferenciar entre testimonios verdaderos y falsos. Este método se basa en la hipótesis de que las declaraciones que se efectúan referidas a hechos reales (vividos) son cualitativamente distintas de las que son fruto de la fabulación o de la inducción. En concreto, el análisis incluye los siguientes puntos: la revisión cuidadosa de la información relevante, la entrevista semiestructurada con el niño, el análisis del contenido de la entrevista basado en criterios, la comprobación de la veracidad del testimonio, y la valoración conjunta del análisis del contenido y de la comprobación de la veracidad (Arce y Fariña, 2005; Cortés y Cantón, 2003; Godoy-Cervera y Higueras, 2005; Paúl,
2004; Pozo, 2005; Vázquez Mezquita, 2005). Un estudio de casos con este método se encuentra ejemplificado en Ruiz Tejedor (2004). El análisis de la veracidad de la declaración se ha desarrollado a partir de diferentes ámbitos de la Psicología (procesos cognitivos, principios evolutivos, técnicas de entrevista, etc.) y se ha mostrado efectivo en numerosos casos de abuso sexual. Sin embargo, este procedimiento no cuenta con las propiedades de una técnica psicométrica. Se plantea, por ello, la necesidad futura de establecer el peso específico de cada uno de los criterios, así como de contar con puntuaciones de corte adaptadas a cada grupo de edad y a la complejidad de la experiencia abusiva (Echeburúa, Guerricaechevarría y Osés, 1998).
– Los dibujos y los muñecos anatómicos. Los dibujos y los muñecos anatómicos se han propuesto como vía de acceso al conocimiento de los abusos sexuales en niños que, por su corta edad o por algún déficit específico, no presentan unas mínimas habilidades verbales o en niños muy inhibidos emocionalmente en los que es difícil establecer un contacto verbal (Alonso-Quecuty, 1999; Cantón, 2006; Cortés, 2003b). Los dibujos permiten la libre expresión emocional del niño, sobre todo cuando sus recursos verbales son limitados y pueden estimular el recuerdo de determinados acontecimientos. Hay que ser en todo caso prudentes en su interpretación e integrar las conclusiones con los datos obtenidos por otras fuentes de información. Los muñecos anatómicos, sin embargo, resultan desaconsejables. Los reparos existentes a la utilización de estos muñecos derivan de que son sexualmente sugestivos y de que, de este modo, pueden distorsionar la memoria del menor (Paúl, 2004). Sin embargo, una alternativa son los muñecos normales, que pueden favorecer el juego simbólico y ayudar al niño a representar situaciones asociadas a los abusos.

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Cita del artículo:
Echeburúa, E. y Subijana, I. J. (2008), Guía de buena práctica psicológica en el tratamiento judicial de los niños abusados sexualmente, International Journal of Clinical and Health Psychology, Vol.8 (Nº 3), pp. 733-749.

Enlace al artículo original:

domingo, 5 de abril de 2015

¡AUXILIO! SUFRO EL SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL… LA CAUSA MIS PADRES

Nunca había oído hablar de él, y me ha llamado la atención, ya que es un tema que concierna a la Psicología Forense. Pongámonos en una situación de dos padres divorciados con hijos. ¿Puede ser que influenciemos a nuestros hijos para que "se pongan de nuestro lado"?¿Qué efectos psicológicos generamos en ellos? ¿Existe de verdad este hecho?Hoy traigo un artículo en el cual se habla del Síndrome de alienación parental.

Os dejo con el artículo: 

Síndrome Alienación Parental
En 1985, el Psiquiatra Infantil y forense estadounidense, Richard Gardner, fue el primero en definir el concepto de “Síndrome de Alienación Parental”, su investigación inicia por su experiencia con los hijos de padres divorciados; sabía que los niños seguían queriendo a ambos padres a pesar de la separación; pero cada vez era mayor el número de niños y niñas, que durante los conflictos de custodia, iniciaban un proceso de denigración hacia uno de sus progenitores, llegando a extremos de expresar odio, observó esa denigración y rechazo ante un padre que antes era amado por su hijo. Ante este fenómeno Gardner lo define:

“El Síndrome de Alienación Parental (SAP) es una alteración que surge casi exclusivamente durante las disputas por la custodia de un hijo. Su primera manifestación es una campaña de denigración contra un progenitor por parte de los hijos, campaña que no tiene justificación. Este fenómeno es el resultado de la combinación de una programación (lavado de cerebro) de un progenitor y en la que el niño contribuye con sus propias aportaciones, dirigidas al progenitor objetivo de la alienación. Cuando aparece en el contexto de abuso parental real o negligencia la animosidad del niño puede estar justificada, por lo que no sería aplicable la hostilidad del niño.” (1)

En un principio se consideraba que el SAP nacía por la combinación de la influencia parental y las aportaciones activas del propio niño en la campaña de denigración; los hijos acaban haciendo suyas las manifestaciones que les han inculcado. Pero, ¿qué podría motivar a un hijo a continuar con las prácticas que su cuidador inculca? “pueden ser varias, como la necesidad de apego a uno de sus padres por el miedo a sentirse solo o el intento de agrandar al progenitor con el que conviven para asegurarse una relación y evitar una nueva pérdida.” (2)
Los motivos por los que el progenitor “alienante” actúa, pueden ser muy variados, entre estos, pretender alejar a sus hijos del otro progenitor, incapacidad para aceptar la ruptura de pareja, intentos de mantener la relación a través del conflicto, deseos de venganza, evitación del dolor, autoprotección, culpa, miedo a perder a los hijos o a perder el rol parental principal, deseos de control exclusivo en términos de poder y propiedad de los hijos. Este progenitor puede estar celoso del otro o intentar conseguir ventajas en las decisiones relativas al reparto de bienes o pensiones económicas. También se ha hipotetizado sobre la patología individual, la posibilidad de una historia previa personal de abandono, alienación, abuso físico o sexual o incluso la pérdida de identidad. (3)

Gardner, describe una serie de “síntomas primarios” que usualmente aparecen juntos en los niños y niñas afectados por el SAP:

• Campaña de Denigración. El niño está obsesionado con odiar a uno de los progenitores. Esta denigración a menudo tiene la cualidad de una especie de “letania”.
• Débiles, absurdas o frívolas justificaciones para el desprecio. El niño plantea argumentos irracionales y a menudo ridículos para no querer estar cerca de su padre.
• Ausencia de ambivalencia. Todas las relaciones humanas, incluidas las paternofiliales, tienen algún grado de ambivalencia. En este caso, los niños no muestran sentimientos encontrados. Todo es bueno en un padre y todo es malo en el otro.
• Fenómeno del “pensador independiente”. Muchos niños afirman orgullosamente que su decisión de rechazar a uno de los progenitores es completamente suya. Niegan cualquier tipo de influencia por parte del padre aceptado.
• Apoyo reflexivo al progenitor “alienante” en el conflicto parental. Habitualmente los niños aceptan incondicionalmente la validez de las alegaciones del padre aceptado contra el odiado, incluso cuando se les ofrece evidencia de que aquel miente.
• Ausencia de culpa hacia la crueldad y la explotación del progenitor “alienado”. Muestran total indiferencia por los sentimientos del padre odiado.
• Presencia de argumentos prestados. La calidad de los argumentos parece ensayada. A menudo usan palabras o frases que no forman parte del lenguaje de los niños.
• Extensión de la animadversión a la familia extensa y red social del progenitor “alienado”. El niño rechaza a personas que previamente suponían para él una fuente de gratificaciones psicológicas.

Frente a la controversia sobre su existencia, sus opositores utilizan el argumento, y con justa razón, que la Asociación Mundial de Psiquiatría y la Asociación Médica Americana, no reconocen en sus Manuales de diagnóstico y estadísticos de los trastornos mentales, al SAP, pues se ha afirmado que no constituye una entidad médica ni clínica y ha sido rechazada su inclusión en la lista de síndromes, por no seguir un método científico y no reunir los criterios metodológicos científicos necesarios para ser aceptado y por eso se lo considera pseudocientífico, el cual en caso de ser diagnosticado, sería un excelente argumento para desvirtuar el mismo.

Lo anterior, es de forma general, para comprender en qué consiste el SAP, y aunque nuestro campo no es la Psicología, fácilmente podemos intuir la cantidad de consecuencias negativas que traerá para el niño o niña víctima de su propio progenitor. Y es que para sorpresa de algunos, ya existe jurisprudencia respecto al Síndrome de Alienación Parental en nuestro país; y los Equipos Multidisciplinarios, a través de sus Psicólogos, han diagnosticado la existencia del SAP, en diferentes procesos en que se ventilan cuidados personales de niños, niñas y adolescentes.

Ejemplo de lo anterior, tenemos que en el proceso con referencia 82-A-2006, de la Cámara de Familia de San Salvador, sentencia del veintiocho de agosto de dos mil siete, literalmente se menciona: “que el menor ****, ha sido diagnosticado con Síndrome de Alienación Parental, lo que significa que ha existido una influencia negativa por parte de uno de los progenitores -en este caso la madre- con el objeto principal de que el hijo destruya el vínculo filial con su otro progenitor llegando al grado de odiarlo o despreciarlo, utilizándose o valiéndose para tal fin de diversas tácticas, como denigrar al otro progenitor.”

En el caso antes mencionado, se estaría frente a una conducta inapropiada de la madre, que puede conllevar a trastornos serios e irreversibles en el desarrollo emocional del hijo o hija, ante este supuesto, y es necesario la ayuda a través del tratamiento psicológico pertinente. Cabe preguntarse ¿cuál es la responsabilidad del padre o madre alienante?, ¿qué protección jurídica corresponde al niño o niña, frente a la vulneración de sus derechos por sus propios progenitores? ¿Pueden aplicarse acciones y sanciones penales?…


Enlace al artículo original: http://www.enfoquejuridico.info/wp/archivos/1179


sábado, 21 de marzo de 2015

Entrevista a Stephen Porter, psicólogo forense

Normalmente, si se nos preguntara por las figuras claves en torno a un crimen, tenderíamos a pensar en el criminal, en las víctimas, en las autoridades y cuerpos de seguridad encargados de su localización y detención, así como en los testigos, los abogados, los fiscales, los jueces, etc. Pero esto es un blog sobre Psicología Criminal y Forense, así que no es precisamente sorprendente que, en esta entrada, pongamos el punto de mira en otra figura clave cuya existencia no es conocida por todo el mundo, pero cuya acción puede determinar de manera decisiva el destino judicial de un presunto criminal: el psicólogo forense.

Licenciado en Psicología (en la actualidad, diríamos graduado), el Psicólogo Forense ha alcanzado dicha condición laboral después de formarse, además, en Criminología y/o en Psicología Forense propiamente dicha, mediante másteres o estudios superiores similares. En nuestro país, por ejemplo, dado el carácter público de las instituciones judiciales, esta persona deberá también superar una Oposición.

El motivo de todo lo anterior es claro: siendo la Psicología la ciencia del comportamiento (eminentemente humano), su aplicación a un terreno tan complicado como el del crimen resulta en una materia densa, compleja y delicada, cuya aplicación práctica inmediata no implica, precisamente, acciones judiciales superfluas: el peritaje de un sospechoso por parte de un psicólogo forense, mediante la entrevista, por ejemplo, puede resultar decisivo de cara a la consideración de la inocencia o la culpabilidad de aquél. Esto da una idea, por ejemplo, de la delicada aprobación científica que han de superar los instrumentos que este género de psicólogo va a utilizar: tests, cuestionarios, indicios observados directamente en el sospechoso, etc.

Una vez realizada la breve presentación anterior de esta figura profesional, el verdadero objetivo de este post es el de ofrecer al lector una visión del trabajo, los conocimientos y las responsabilidades de la misma, haciéndolo además de primera mano. Porque, ¿qué mejor forma de conocer esta profesión que propiamente de la mano de un psicólogo forense de verdad?

El autor de un interesante blog titulado Desde El Exilio, www.desdeelexilio.com, nos ofrece una entrevista a Stephen Porter, destacado psicólogo forense que, en palabras de dicho blog, “se dedica a investigar en profundidad las artimañas de los delincuentes a la hora de ocultar a los demás sus crímenes e intenciones criminales. […]También está interesado en cómo el sistema penal falla, a la hora de condenar a los culpables y librar de pena a los inocentes. En este área le interesa comprender cómo las decisiones judiciales pueden verse alteradas por los sesgos en nuestra psicología, así como el modo en que los recuerdos son tergiversados por el contexto en el que se recuerdan, conduciendo a falsas acusaciones”.

Pinta bien, ¿no? El interesado lector podrá encontrar el enlace al post original al final de esta entrada.

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1.-¿Qué estudia la psicología forense?

Los psicólogos forenses estudian el comportamiento humano que se da en la intersección de la psicología y el derecho. Esto incluye la toma de decisiones jurídicas, el comportamiento criminal, la victimología, la detección de mentiras, los trastornos mentales y la delincuencia, la personalidad y los crímenes, y la memoria de los testigos presenciales.

2.-¿Que redes neuronales se activan cuando mentimos? ¿Cuáles son los signos corporales, conductuales y expresivos básicos de la mentira?
La neurociencia de la mentira se encuentra todavía en su infancia y aún se precisa un gran trabajo antes de que podamos llegar a conclusiones sólidas sobre la actividad cerebral y la mentira. No obstante, la investigación con neuroimágenes ha puesto de manifiesto que tener un conocimiento oculto o “culpable” sobre un crimen (por ejemplo, un conocimiento que sólo el asesino tuviera) está asociado con la actividad de ciertas redes neuronales. El cuadro general que se desprende de estos primeros trabajos es que el conocimiento del engaño está asociado con un aumento de la actividad de las cortezas prefrontal, parietal y cingulada anterior. La aplicación de esta investigación requiere mucha cautela, ya que la mayoría de los trabajos hasta la fecha se han realizado con mentiras en las que hay poco en juego. Los indicios específicos del comportamiento con más fuerte apoyo hasta la fecha son las ilustraciones o los gestos con manos y brazos (un aumento o disminución importante de los mismos), la reducción de la tasa de parpadeo, una mayor latencia en las respuestas (es decir, más tiempo antes de responder), pausas más largas y más frecuentes, un descenso de la velocidad del habla, descripciones vagas, repetición de detalles, unas producciones demasiado estructuradas (que indican que han sido ensayadas), falta de un encaje contextual, y la falta de conversación específica relativa a los incidentes con víctimas múltiples (es decir, los crímenes más graves).
Además, el cazador de mentiras debe estar muy en sintonía con los “resbalones” idiosincrásicos – incluidos los verbales (como cambios en el tiempo verbal ; por ejemplo que el sospechoso de un caso de desaparición se refiera a la persona desaparecida en pasado), no verbales (como las comunicaciones inconscientes al interrogador, incluidas potenciales recreaciones del crimen), y señales faciales (expresiones emocionales involuntarias y fugaces que normalmente se producen solo en la parte superior o inferior del rostro y de forma más general simplemente expresiones falsas), y (3) en función del contexto, el cazador de mentiras debe asimismo considerar el uso de técnicas de entrevista estratégica tales como manipular la carga cognitiva de un sospechoso (haciéndole pensar mucho), realizar preguntas imprevistas, evaluar la precisión de las respuestas en cuestionarios sobre lo que conoce el culpable, y el uso estratégico de las pruebas para dirigir las preguntas y detectar el engaño.

3.-¿Cómo está de avanzada la investigación en métodos de detección de mentiras? ¿Será posible, en un futuro, reconocer a un terrorista antes de que actúe, o determinar la culpabilidad de un acusado en un juicio solo a través de sus cambios neuronales, de expresiones faciales o de otras señales corporales?
La ciencia del engaño está avanza en el sentido de que se han realizado cientos de estudios sobre señales conductuales del engaño. Por otro lado, sólo un puñado de estudios han sido realizados con verdaderas mentiras de “alto riesgo”, y aún es necesario mucho trabajo. Me atrevo a predecir que pronto será posible identificar a personas que ocultan información o sus intenciones, basándonos en una combinación de expresiones faciales, lenguaje corporal, y declaraciones que hagan al observador informado.
Nuestros estudios sobre la eficacia de la formación sugieren que los profesionales pueden aprender a detectar a los mentirosos de alto riesgo, con un 80% + de exactitud, sin embargo, estas mentiras son de lo ocurrido en el pasado – no sobre intenciones de futuro. La investigación sobre la detección de intenciones maliciosas está en su infancia. Más investigaciones en este tipo de engaño, y el dilema ético de la exposición de intenciones maliciosas sin que se pase a la acción, se requieren antes de que esto sea puesto en práctica.

4 .- ¿Qué validez tienen los testimonios de los testigos presenciales? ¿Cuán confiables son sus recuerdos?
Depende de una serie de factores. En general, las experiencias traumáticas son relativamente bien recordadas, contrariamente a la noción freudiana de represión. Así que si uno es física o sexualmente asaltado, sus recuerdos serán precisos y duraderos en comparación con los de las experiencias ordinarias.Sin embargo, curiosamente, los recuerdos emocionales o traumáticos también son altamente vulnerables a las desinformaciones, tales como las de las preguntas engañosas (véase Porter, Demitrioff, y Ten Brinke, 2009). Los interrogadores policiales pueden hacer preguntas de modo que conduzcan al testigo o víctima a recordar el crimen de una manera radicalmente diferente a la forma en que ocurrió realmente. La investigación sugiere incluso que la gente puede ser llevada a recordar eventos completos que nunca sucedieron a través de interrogatorios altamente sugestivos (por ejemplo, Porter, Taylor, y Ten Brinke, 2008).

5 .- ¿Cómo podemos trazar el perfil psicológico de un criminal?
Los perfiles psicológicos, tradicionalmente, son bastante intuitivos y poco fiables. Sin embargo, la investigación en la última década sugiere que prestar atención a las características de la escena del crimen y a la naturaleza de la violencia infringida a las víctimas puede indicarnos rasgos específicos de personalidad de los autores. Por ejemplo, la investigación apunta a que esa información puede indicar con relativa confianza si el crimen fue perpetrado por un psicópata o por un no psicópata (por ejemplo, Porter, Woodworth et al., 2003) o por múltiples individuos o uno solo (Juodis et al. 2009).

6 .- ¿Cuáles son las características de una personalidad psicopática?
La personalidad psicopática es generalmente la de alguien que carece de conciencia, en términos de remordimiento, empatía, o emociones en general. Dentro de la población criminal los psicópatas son prolíficos – cometen un mayor número de crímenes y más violentos que los delincuentes no psicópatas. Él o ella tienden a ser superficialmente encantadores con el don de la palabra, no tienen deficiencias intelectuales y están muy sintonizados para reconocer a víctimas vulnerables. Alarmantemente, los delincuentes psicópatas parecen ser capaces de usar este estilo interpersonal para negociar acuerdos de culpabilidad, sentencias más cortas y excarcelaciones más tempranas, a pesar de su pobre desempeño en la comunidad. Por supuesto, las personalidades psicopáticas no aparecen exclusivamente entre la población criminal. Estos rasgos de personalidad también pueden permitir a un individuo medrar en el mundo de los negocios. Por ejemplo, Bernie Madoff, que diseñó la mayor estafa piramidal de la historia, se ha descrito como poseedor de rasgos psicopáticos.El estudio de las “serpientes de traje” es actualmente un campo floreciente de la investigación en psicología forense.

7.-¿Cuáles han sido sus mayores logros profesionales, tanto en lo teórico como en la aplicación práctica de su conocimiento para capturar criminales?

Consideraría uno de mis principales logros el llevar la ciencia a los profesionales de la ley en lo referente a la detección de engaños, falsos recuerdos, homicidios y personalidades psicopáticas, a través de talleres de capacitación y charlas. Nuestro grupo ha hablado con numerosos grupos, incluyendo investigadores criminalísticos, jueces, abogados, fiscales, indemnizadores de personal, psiquiatras forenses, tribunales de derechos humanos, juntas de inmigración, y periodistas de investigación. En este sentido estamos acercando la ciencia al mundo real, y esperamos poder ayudar a los profesionales de la ley a atrapar a los mentirosos y a los criminales y a mejorar la toma de decisiones jurídicas en general. Nuestra recientemente publicada “Teoría de las Decisiones peligrosas” (DDT) ofrece un modelo completo que considera cómo se cometen los errores en el sistema de justicia penal, incluyendo cómo suaves mentirosos embaucan a los jueces y a los jurados, y también cómo personas inocentes acusadas son “encarriladas” a través de una visión de túnel y una serie de sesgos naturales humanos en la toma de decisiones (Porter & Ten Brinke, 2010).

8.-¿En qué está trabajando ahora?

Mi laboratorio está trabajando en varios asuntos que consideramos fundamentales para entender el comportamiento humano en el contexto legal. Estamos a) realizando el estudio de mayor escala hasta la fecha sobre el engaño de alto riesgo, mediante la investigación del lenguaje verbal, corporal y las expresiones faciales de las personas que piden públicamente el retorno de un familiar desaparecido, y que luego resultan ser el asesino; b) examinando la relación entre las emociones negativas y la memoria; c) examinando cómo los psicópatas identifican y seleccionan a las víctimas emocionalmente vulnerables, y d) examinando cómo el rostro del acusado influye en la toma de decisiones jurídicas (por ejemplo, cómo se evalúan las pruebas relativas a una persona que resulta tener un rostro que no inspira confianza en comparación con las de otro que tenga un rostro que inspire confianza.

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Enlace al contenido original: http://www.desdeelexilio.com/2010/10/30/psicologia-forense-entrevista-a-stephen-porter/
Fuente: