Mostrando entradas con la etiqueta Neurociencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Neurociencia. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de abril de 2015

"Échale la culpa al cerebro"


Son múltiples las excusas que utilizamos para defender nuestros actos, sin embargo el texto nos muestra que dichas excusas disiparon su utilidad hace ya tiempo y afirma que la cosa sería diferente si empleásemos argumentos como " lo siento cariño, la amígdala y el estriado ventral de mi cerebro estaban hiperactivados, la ínsula no fue capaz de inhibir mi conducta...Yo no tenía elección", ésto podría valer como justificación ante una infidelidad e incluso en "algunos casos librarse de la cárcel".

El artículo nos aporta el gran interés que hay en "querer interpretar no sólo como funciona el cerebro, sino también la mente, la conducta y hasta los valores", además de conocer donde se localiza la maldad, la bondad, el amor, la empatía y la responsabilidad, en todas éstas cuestiones juega un papel muy importante la neurociencia quien proporciona alguna respuesta pero no todas aquellas cosas que nos preguntamos, puesto que la neurociencia "estudia el cerebro y sus reacciones ante diferentes estímulos" añadiendo que "la mente es mucho más que eso, procesos mentales complejos".

Se nos revela que a veces en los tribunales se está procediendo a "la defensa de actos delictivos basadas en alteraciones cerebrales, viniendo casi a decir que no fue la persona la que cometió el acto, sino su cerebro dañado".

Una de las cosas claras que pretende dejar la noticia es " a la neurociencia le queda un largo recorrido y con sus hallazgos seremos capaces de comprender mejor (incluso tratar) aspectos patológicos de la conducta humana, pero conviene aceptar que algunas cosas nunca las llegaremos a saber; bien porque no debemos o porque no podamos".

Se afirma que "al hablar de determinismo cerebral, implicaría despojar al ser humano de su capacidad de decisión".

Se concluye, reforzando la idea de que las lesiones cerebrales,  son limitaciones que a veces "explican los comportamientos incomprensibles, inmorales y hasta delictivos. Son lesiones que pueden llegar a privar de libertad al individuo por lo que su comportamiento no se considera ya un acto humano".

Tras leer el artículo se me quedan algunas ideas en el aire como: ¿Entonces una persona que no este "bien" de la cabeza y cometa asesinatos quedaría libre, entonces sus limitaciones cerebrales serían la excusa de sus actos y estos no se deberían castigar?, ¿ Si la persona que ha cometido el delito no paga por ello en la cárcel por ejemplo, tendrá que hacerse algo con ella, y que se haría?, ¿Cómo actuaría si la víctima de ese delito es un familiar suyo y la persona culpable no es sancionada?...

Tras todo esto, considero que este artículo está muy vinculado con la criminología, ya que si las personas culpables de un crimen, no se hace cargo de su conducta, por problemas en su cerebro, el mundo sería un gran caos, por que en el momento de que esas personas se volviesen a "descotrolar o estuviesen en un momento propicio", volverían a matar y esto no tendría fin, puesto que nunca serían castigados por sus actos y nunca aprenderían de su conducta.





















Fuente: El País.com

Enlace a la noticia completa :


12/04/2015

Enlace de la imagen:


"La neurociencia ya puede predecir el comportamiento. Pero ¿debe hacerlo?"


Antes de proceder a hacer un resumen de la noticia sacada del periódico "El País.com", publicada el día 19/01/2015, voy a hacer una aclaración de lo que se entiende por neurociencia.

La neurociencia se define como: "un conjunto de disciplinas científicas que estudian la estructura, la función, el desarrollo de la bioquímica, la farmacología, y la patología del sistema nervioso y de cómo sus diferentes elementos interactúan, dando lugar a las bases biológicas de la conducta" (http://es.wikipedia.org/wiki/Neurociencia)

Tras la definición, las ideas más relevantes que aparecen son:
- A través de imágenes del cerebro, obtenidas a través de un casco de electrodos, se puede pronosticar "el futuro rendimiento educativo de un niño o de un adulto, sus aptitudes de aprendizaje y sus desempeños favoritos. También sus tendencias adictivas o delictivas, sus hábitos insalubles y su respuesta al tratamiento psicológico o farmacológico".

-Conocer el futuro, plantea cuestiones éticas, " que se pueden usar bien o mal".

-Gabrieli, especialista en el tema, considera que las técnicas para pronosticar nuestros comportamientos, "pueden construir una contribución humanitaria y pragmática para la sociedad, pero ello va a requerir una ciencia rigurosa y una serie de consideraciones éticas".

-Se nos ofrece uno de los ejemplos para el que "los análisis de neuroimagen que miden el grado de impulsividad del sujeto, su control cognitivo, entre otros, tienen el potencial de informar la decisión del juez con una precisión mucho mayor que los actuales dictámenes de expertos".

¿Cuál es vuestra opinión acerca de la neurociencia y de sus técnicas?, ¿Os gustaría predecir vuestro futuro?, ¿Os interesaría conocer si vuestro hijo tendrá dislexia con 8 años, en tan sólo las primeras 36 horas del nacimiento de vuestro hijo?...

La neurociencia es una ciencia con un gran recorrido por hacer y que desde luego sus descubrimientos nos resultan de gran utilidad, puesto que, nos ayudan a "personalizar prácticas pedagógicas y clínicas para hacerlas mucho más eficaces y serviciales para la gente".




Fuente: El País.com

Enlace a la noticia original:


19/01/2015

Enlace a la imagen AQUÍ



jueves, 23 de abril de 2015

¿Cualquiera puede disfrutar matando?

¿Podría usted matar deliberadamente a otra persona? ¿Tomar rehenes y degollarlos? ¿Disparar con una ametralladora sobre hombres, mujeres y niños? Quienes han crecido en condiciones de paz, por lo general, no pueden ni imaginarse en estas situaciones. A la mayoría le parece impensable acudir a un arma sin más ni más, a sangre fría.

Incluso en caso de guerra, quienes no están entrenados, rechazan la idea de apuntar y disparar deliberadamente contra sus semejantes: Encuestas realizadas por el Ejército estadounidense al término de la Segunda Guerra Mundial mostraron que apenas la mitad de los soldados había apuntado a matar. En la actual generación de soldados, sin embargo, la tasa asciende al 95 por ciento. Para desmontar sus inhibiciones naturales se entrenan con simulaciones computarizadas.

“Comúnmente, las personas sanas se sienten fuertemente inhibidas de violentar a sus semejantes”, aclara el neurobiólogo Joachim Bauer. “El sistema de neuronas espejo en nuestro cerebro hace que el dolor que percibimos en otras personas sea también nuestro”, abunda el profesor de la Universidad de Friburgo. Estas neuronas espejo son células nerviosas que nos convierten en personas empáticas, compasivas.



No obstante, cualquiera que mire a su alrededor en el mundo, no solo encontrará empatía y compasión. Thomas Elbert, profesor de psicología clínica y neuropsicología en la Universidad de Constanza, ha visitado geografías en las que las personas parecen haber perdido la capacidad de sentir algo similar. Ha hablado con guerrilleros y niños soldados por cuyas manos han corrido incontables litros de sangre, combatientes para quienes el acto de matar es simplemente parte de la cotidianidad. Y si de algo está convencido es de que cualquiera de nosotros puede llegar a ser capaz de matar a otra persona.

“Euforia homicida”

“Hemos notado que, en regiones en guerra, grupos enteros de una escuela de un pueblo pueden ser secuestrados”, cuenta Elbert. “Un determinado porcentaje de los niños muere, pero casi todos los restantes se convierten en combatientes”, agrega. Uno puede sentir escalofríos de solo imaginar que se obliga a niños a matar. Pero aún más escalofriante resulta escuchar lo que esos niños le han confiado a Elbert: que matar les resulta estimulante, que les produce placer.

¿Reprimimos acaso todos un “instinto asesino” que en la guerra, liberado de toda presión civilizatoria, nos desborda? Thomas Elbert lo aclara con la metáfora de la llamada “euforia del corredor” (runner's high, en inglés), ese momento especial en las carreras de fondo cuando el cuerpo libera endorfinas –los opiáceos naturales del cerebro–, que acompañan el cansancio con una agradable sensación de bienestar: “Quien nunca ha corrido 20 kilómetros, nunca lo sentirá”, pero es una reacción biológica natural que todos podríamos llegar a sentir, aclara el científico. “Todos los que han acumulado experiencias de guerra describen esos estados de delirio, esa sensación prácticamente placentera después de haber matado”, asegura.

Traumas que producen daños cerebrales

No obstante, uno se pregunta: ¿Si existen inhibiciones en nuestro cerebro, si los seres humanos sanos no nacimos para matar, cómo podemos llegar a traspasar esa barrera? Hay explicaciones, terribles explicaciones que muestran cuán fuerte puede ser el efecto que causan sobre nuestro cerebro los actos de violencia que nos rodean.



Los niños soldados parecen estar sistemáticamente sometidos a traumas provocados por sus “entrenadores”: la violación de sus madres o la ejecución de miembros de sus familias frente a sus propios ojos, por ejemplo. El trauma hace que el cerebro desmonte las inhibiciones para matar. Se daña el llamado circuito frontolímbico, esa parte del cerebro que examina qué efecto producirán nuestras acciones sobre los demás y sobre nosotros mismos y que, normalmente, limita nuestras agresiones.

Ser traumatizado con violencia y convertido así, uno mismo, en asesino. Según Joachim Bauer, ese es también el proceso al que se someten, por ejemplo, quienes se unen a la milicia terrorista islamista Estado Islámico (EI), en Siria. “Para empezar existe un rito de iniciación, algún hecho brutal al que deben asistir”, aclara el neurobiólogo. “Entonces algo en el cerebro se rompe y llegamos al punto en que pueden surgir esos sentimientos similares a la euforia. Se trata de fenómenos psicopáticos, que pueden hallarse masivamente entre los niños soldados pero que no pertenecen al espectro del comportamiento corriente de una persona no traumatizada”, precisa.

Violencia en todas las culturas

¿Qué armas utilizan los combatientes? ¿Cómo se organizan para la guerra? Esos son aspectos que pueden variar parcialmente entre una y otra cultura. Sin embargo, en todo el mundo, existen sorprendentes semejanzas en relación con la forma en que se ejecuta la violencia, afirma Thomas Elbert: “En Uganda observé que las tropas rebeldes le cortaban la nariz a sus víctimas, las orejas, los labios. Y ví lo mismo en Afganistán. Cuando algo sobresale del cuerpo, se corta. Eso pasa en culturas muy diferentes”.




¿Qué estímulos juegan un papel clave para provocar excesos de violencia?

Los estudios de Elbert van más allá e investigan qué estímulos juegan un papel clave para provocar excesos de violencia. La sangre parece en estos casos llevar la voz cantante... ¿Y el olor a sangre? Elbert investigó en esta dirección y se topó con un increíble descubrimiento: Incluso la industria alimentaria utiliza el olor a sangre para que sus productos les parezcan más frescos a los consumidores. “Y eso no vale sólo para los embutidos, sino también, por ejemplo, para los hongos”, cuenta el investigador: “El olor a sangre parece ser percibido por las personas como algo agradable. O sea, los estímulos claves son los mismos”.

¿Se esconde entonces en nosotros un ave de rapiña? Por el momento, la neurociencia tiende a vernos más bien como seres pacíficos, al menos, mientras profundos traumas no nos conviertan en fríos asesinos.

Enlace para noticia original
Fecha: 09.02.2015
Autor: Clara Walther

sábado, 11 de abril de 2015

¿Un gen de la psicopatía? Jim Fallon nos lo cuenta, no sin sorpresas...

    A lo largo de la corta pero productiva vida de este blog, hemos hablado en varias ocasiones del fenómeno de la psicopatía: esa condición clínica que, caracterizada por multitud de elementos entre los que suele destacar más la incapacidad de sentir parcialmente en primera persona las mismas emociones que el resto del entorno, tan temida ha resultado a lo largo de la historia gracias a las más que prolíficas novelas, películas y series televisivas cuyos protagonistas, criminales y asesinos, son definidos bajo dicha condición.
    En este sentido, hemos hablado de varios aspectos de la psicopatía: sus manifestaciones conductuales a escala personal y social, su base neurológica, etc. Sin embargo, ¿os imagináis poder escuchar hablar de la psicopatía a un neurobiólogo especializado en ella? La oferta no parece muy sorprenderte, ¡cuántos neurobiólogos expertos en psicopatía habrá dispuestos a transmitir sus conocimientos! Muy bien, pero... ¿y si os ofreciéramos la posibilidad de escuchar hablar sobre psicopatía a un neurobiólogo especializado en ella... que además cuenta en su línea genealógica con numerosos casos de asesinos? ¿ Y si, para echar aún más pimienta en la receta, dicho científico comentase la existencia de un cierto gen que parece resultar determinante para desarrollar la psicopatía en situaciones de violencia traumática diaria? Las cosa ya parece ponerse más interesante, ¿verdad? Exacto.
    ¡Pues luces fuera! Relajáos y asistid a tal conferencia, porque de la mano del neurobiólogo y Profesor Emérito de Neurociencia Jim Fallon os podemos garantizar que no tiene desperdicio, y menos aún a través de TED, el siempre interesante archivo de conferencias de las más variopintas temáticas del saber. Aquí adjuntamos el enlace a la puesta en la web original de TED (www.ted.com), dentro de la que el espectador puede encontrar, además, una transcripción completa de la misma, así como la opción de subtitular el vídeo (originalmente en inglés) en diversos idiomas. ¡Disfrutad!