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domingo, 29 de marzo de 2015

LUCES, DOMINGO... ACCIÓN: Mindscape

Ante la perspectiva de realizar un blog con la Psicología Forense como temática, no puedo evitar que se me pase por la cabeza el recuerdo de una interesante película que vi hace unos meses y que, a decir verdad, no sólo resulta profundamente interesante en su trama y realización, sino que verdaderamente viene como anillo al dedo para dedicarle una entrada en este espacio web. Se trata de Mindscape, la cual satisfará, por cierto, el orgullo patrio de quienes disfruten del cine español, puesto que el largometraje en cuestión procede de nuestro país en una mitad y de Estados Unidos en la otra. En particular, está dirigida por Jorge Dorado y producida por Jaume Collet-Serra a través de la compañçia Ombra Films, y ha sido distribuida por Warner Bros, StudioCanal y Vertical Entertainment.
Cartel de Mindscape 

Imagina poder introducirte en la mente de una persona para acceder de primera mano a sus recuerdos. La experiencia sería inconmensurable, ¿verdad? Pues bien, ahora imagina que existe un crimen de por medio y que eres el/la encargado/a de resolverlo. ¿Eres capaz de concebir el potencial de esta maniobra, que pondría a tu disposición todos los episodios grabados en la memoria del sospechoso? Quizás ahora se entienda mejor mi interés en traer Minscape a la palestra.
John Washington (interpretado por Mark Strong) es un detective de la memoria, un tipo de profesional con la capacidad de acceder a los recuerdos de otras personas inmiscuyéndose plenamente en el seno de sus mentes.
John (Mark Strong).
Abatido y traumatizado por una misión fallida del pasado, John decide pasar página y regresa para pedir un nuevo trabajo a su jefe, Sebastian (Brian Cox), quien le asigna entonces el caso de Anna Greene (Taissa Farmiga). Se trata de una joven adolescente encantadora y de aguda inteligencia en quien resulta difícil discernir si posee algún tipo de trauma o, por otro lado, presenta sociopatía. El caso es que Anna mantiene una distante y fría relación con sus padres, no sale de casa y se niega a comer. Su pasado la presenta, además, como una joven con problemas a la hora de relacionarse con los demás.
Anna (Taissa Farmiga).
De esta manera, John se ve enfrascado en la misión de acceder a la mente de Anna con el fin de presenciar sus recuerdos y esclarecer si su compleja relación con el mundo y con las personas de su entorno, a lo largo de toda su vida, ha sido el fruto de una tendencia sociópata, o bien de algún trauma. En este último caso, su cometido se extenderá hasta hallar el origen y naturaleza del mismo. John no tarda en verse cautivado por el enigmático encanto de la joven, quien afirma, por su parte, encontrar en él una fuente de ayuda y protección.
Anna y John, en el cuarto de la joven.

Sin embargo, la misión se tornará más que complicada cuando John descubra la profunda inteligencia de Anna, que parece permitirle crear recuerdos falsos o, cuanto menos, dudosos y enigmáticos. En apenas unos días, John cultivará sospechas en torno a Anna que no tardarán en desmoronarse para, posteriormente, resurgir, y viceversa. En medio de un caos en el que la desconfianza de John llegará a expandirse hasta personas de su propio entorno, un día una llamada de Anna acabará por cambiar su propio destino.
No continuaré relacionando detalles de la trama para no desvelarte inoportunamente claves fundamentales de la misma si te pica la curiosidad por ver la película; no obstante, lo que sí resulta oportuno, de cara a este blog, es apreciar la manera interesante de la que Mindscape concibe la entrada de una persona en la mente de otra. Básicamente, podríamos decir que la mente del sujeto estudiado se comporta como un escenario en el que el profesional infiltrado puede materializarse, con la ventaja de que su presencia no influye, en principio, en los acontecimientos que puede observar, y que no son otros que los recuerdos del individuo de interés. ¿Es así como te imaginabas que sería acceder a la memoria de otra persona? No dudes en dejar un comentario con tu opinión.
Sin más, finalizo recomendando encarecidamente esta película, puesto que, como futuro psicólogo, y en concordancia con la temática forense de este blog, pienso que constituye una de las muy escasas oportunidades que el cine ofrece de asistir a la idea de acceder a la mente de una persona, así como de en qué consistiría la experiencia. A continuación, dejo disponible el enlace a la ficha de la película en la web IMDb (www.imdb.com). ¡Que la disfrutes!
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Ficha de la película (IMDb): http://www.imdb.com/title/tt1715336/?ref_=fn_tt_tt_1

sábado, 21 de marzo de 2015

"LAS MÚLTIPLES CARAS DE LOS AGRESORES SEXUALES"

La lacra de las agresiones sexuales no cesa. En callejones oscuros o a plena luz del día, en portales, a veces en el propio domicilio por parte de la pareja o de un ex... Un infierno para quien lo sufre. Y una pesadilla que en algún momento de su vida se cruza por la mente de cualquier mujer, aunque no haya padecido una experiencia tan trágica. Cada día se produce un delito de este tipo en Euskadi, según los datos de la Ertzaintza. El año pasado, 366. Dieciocho menos que el ejercicio anterior. Pese a todo, datos escalofriantes. ¿Qué es lo que lleva a un individuo a tomar por la fuerza a una desconocida o, a veces, incluso a una amiga? ¿Cuál es el perfil de este tipo de delincuente? 
"Siempre habrá agresores sexuales", admite Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco, quien coincide con la Ertzaintza en que la prevención en este campo pasa la educación en la empatía, la igualdad de sexos y la terapia tanto en víctimas como en verdugos. 
En la mayoría de los casos -explica-, los atacantes son varones de entre 25 y 40 años -"cuando mayor es su nivel de vitalidad"-, que prefieren atacar de noche durante los fines de semana o las temporadas festivas. Pero, aún así, no existe un único patrón. Desde el envalentonamiento delante de los amigos hasta el simple desprecio hacia la mujer, los autores de este tipo de delitos responden a motivaciones de muy distinta índole, que repercutirán en gran medida en el riesgo de reincidencia. Estos son los perfiles más habituales.


 Los apasionales

No planifican. Los apasionales, cuenta Echeburúa, son agresores ocasionales. "No lo planifican, no ejercen violencia más allá de la necesaria para cometer el acto y no suelen reincidir", desgrana. Su escenario habitual es el de una discoteca, donde el alcohol, las drogas, el calor y la música excitante cocinan el caldo de cultivo que les llevará a cometer el delito. Suelen moverse dentro de un grupo de amigos, que es el que ejerce la presión que finalmente les lleva a atacar a una mujer. "Se envalentonan, aunque en un principio les parezca mal", precisa el catedrático. Esa misma falta de iniciativa personal es lo que después deriva con más frecuencia en el arrepentimiento.
'Dating violence'. Los apasionales derivan, cada vez con más frecuencia, en el denominado 'dating violence'. "Es un tipo de violencia entre iguales, personas que se conocen, amigos. Salen, consumen alcohol o drogas -aunque no siempre- y el varón intenta llegar a algo más", explica Echeburúa. Ante la negativa de su compañera, el 'falso amigo' trata de tomarla por la fuerza. "Si ella ha consumido alguna sustancia, no solo pierde la capacidad de defenderse, también la de discriminar cuándo está entrando en una situación de peligro", indica el psicólogo. Precisamente por la relación cercana que une a atacante y víctima, el incidente suele tener lugar en espacios privados, como una vivienda o un coche, y es por el mismo motivo que en demasiadas ocasiones las afectadas no denuncian lo sucedido. 

Los reincidentes

Merodeadores. Al otro lado del espectro se encuentran los agresores reincidentes, que se mueven por impulsos más complejos. "Estos son los que planifican, los que espían, los que merodean y esperan a la víctima idónea". El caso de una estudiante americana a pertenece, con toda probabilidad, a este tipo, señala Echeburúa. Aunque la violencia no entiende de estratos sociales, los criminales sexuales reincidentes suelen pertenecer a clase media-baja o baja -no tanto en los ocasionales-, según lo observado en las cárceles. "Estas personas no buscan ayuda por iniciativa propia; sólo se les detecta una vez están presos, así que es de ahí de donde se sacan las conclusiones", cuenta el psicólogo. 

Psicópatas sexuales. Tampoco todos los reincidentes se ajustan a una sola descripción. Dentro de este grupo, subyacen otros dos: los psicópatas sexuales y los sádicos. Los primeros son "personas frías, sin escrúpulos ni remordimientos. Utilizan a la mujer como instrumento para satisfacer sus necesidades y carecen de empatía", explica Echeburúa. No se preocupan por las consecuencias que puedan desencadenar sus actos, al menos para la víctima. "Si huyen, es solo por temor a que les pillen". Algunos, incluso, pecan de creerse invulnerables. "Llegan a desafiar a la Policía y dejan una señal, se autoengañan creyéndose más hábiles", comenta el catedrático.

  Sádico. Los agresores de tipo sádico son los más escalofriantes, aunque también los menos frecuentes. Echeburúa los describe como criminales que "disfrutan haciendo sufrir a sus víctimas". Al contrario que los psicópatas, que huirán si los gritos de su víctima pueden alertar a policía o transeúntes, para los sádicos "el lloro y el temor no son elementos disuasorios, sino excitantes". "Llegan a herir o a matar para obtener placer". 

 Revanchismo y humillación. Esa falta de respeto hacia la figura femenina es uno de los principales argumentos que esgrimen aquellos que no ven en la castración química la solución idónea a los delitos sexuales. "En muchos casos, el origen no es la excitación en sí, sino una actitud machista, revanchista contra la mujer o un intento de vejación por falta de autoestima o por un rechazo", expone Echeburúa. Recuerda cómo la violación ha sido uno de los métodos de humillación más común desde hace siglos; cómo los conflictos bélicos, los vencedores abusaban sexualmente de las mujeres de los vencidos. La solución, opina el psicólogo, pasa por inculcar, tanto en la infancia como en los penados, el valor del respeto, la igualdad y la empatía. "Si se ponen en el lugar del otro, será mucho más difícil que comentan actos violentos". 

El pedófilo 

Diferencias. El catedrático en Psicología Clínica aclara que no es lo mismo un agresor que recurre a un menor por la dificultad de haber accedido a un adulto que un pedófilo: "El pedófilo solo se siente atraído por menores, tiene fantasías con ellos, echa horas en Internet para encontrarlos, conocerlos y pierde el interés cuando aparecen las características sexuales secundarias, como senos o vello". 

Secuelas. Lo que lleva a otra pregunta: ¿cuál es el riesgo que corre una víctima infantil de convertirse en un futuro agresor? Concreta Echeburúa que las probabilidades ascienden a un 25%, aunque en ello influyen otros factores: "crecer en una familia desestructurada, no haber integrado lo que está bien y lo que está mal, no haber sido concienciado de lo que suponen estos actos..." Sin embargo, recuerda el experto, tres de cada cuatro jóvenes consiguen superarlo y disfrutar sin miedos de sus relaciones en pareja. "No es un destino inevitable", insiste. "El tratamiento en estos casos es muy importante, no solo para evitar que sean abusadores o sufran otros problemas como ansiedad, sino también para que no le teman a la intimidad con otra persona".

Fuente:BURGOS, E. (8 de Marzo de 2015). Las múltiples caras de los agresores. El Correo.