viernes, 24 de abril de 2015

¿Qué es genocidio? La dificultad para probar el crimen sin nombre

Han pasado cien años desde las masacres de armenios en Turquía durante las que fueron asesinadas más de un millón de personas. Sin embargo, Ankara todavía sigue rechazando que se aplique la palabra "genocidio" y utiliza todos los medios de presión a su alcance para evitar que se le asocie con un concepto que, como explica Richard Dicker, experto jurídico de Human Rights Watch, "es una alegación tóxica, profundamente vergonzosa para un Estado".
Aunque reconoce las matanzas, asegura que se produjeron dentro del marco de la I Guerra Mundial. Y muchas veces lo consigue: el pasado miércoles, la Comisión de Exteriores del Congreso evitó emplear la palabra durante un homenaje a las "víctimas armenias". De hecho, 17 de los 28 países de la UE no han hablado de genocidio, España entre ellos, un concepto que aplican la inmensa mayoría de los historiadores cuando se refieren a este caso. Qué es y qué no es genocidio es una cuestión que siempre ha tenido una enorme carga jurídica, pero también emocional, y que ha vuelto a la actualidad no sólo con el centenario del genocidio armenio, sino también con el auto en el que el juez de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz, procesó a 11 militares marroquíes por genocidio en el Sáhara Occidental.
"Hay razones legales y no legales que explican por qué siempre ha habido un debate tan encendido a la hora de definir algunos episodios de violencia masiva como genocidio", explica Diane Orentlicher, profesora de Derecho Internacional en la American University, experta en justicia internacional que ha asesorado tanto a la ONU como al Departamento de Estado. "Legalmente, la convención sobre genocidio de 1948 define el crimen de manera muy estricta: sólo algunos actos constituyen violencia genocida y, más importante, tienen que haber sido cometidos con una intención muy específica –'el intento de destruir, totalmente o en parte, un grupo nacional, étnico o racial, en su totalidad'–, lo que es muchas veces difícil de probar. Entre las razones no legales, está que el crimen se ha convertido en un estigma muy poderoso", prosigue.
En el caso de la justicia española, además, existe otro factor para que se trate de una palabra fundamental a la hora de enjuiciar crímenes contra la humanidad. Según explican fuentes jurídicas, el delito de genocidio fue adoptado en 1971, mientras que los crímenes contra la humanidad no entraron en la legislación española hasta 2004. Eso explicaría el recurso al concepto de genocidio en casos de justicia universal, como en el auto del juez Ruz contra 11 militares marroquíes en el que argumenta que "los saharuis constituyen un grupo nacional o étnico, ya que presentan una serie de características que los distinguen de los habitantes de otros territorios" y que, por lo tanto, los crímenes cometidos contra ellos constituyen delito de genocidio.
Jessica M. Almqvist, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid experta en crímenes de guerra, explica que "calificar los actos de extrema violencia cometidos por el ejército marroquí contra la población saharaui entre 1975 y 1992 depende de diferentes factores. Para constituir genocidio ha de demostrarse que tales actos fueron cometidos con la intención de destruir el grupo, total o parcialmente, es decir, que había intencionalidad genocida. Si los motivos fueron más bien políticos serían crímenes de lesa humanidad. La calificación de estos crímenes como genocidio por los tribunales españoles puede entenderse en parte como el resultado de los principios de legalidad y de no retroactividad. La incorporación de los crímenes de lesa humanidad en el derecho español es reciente, mientras que el genocidio fue tipificado en 1971, lo que le hace más viable".
La palabra genocidio fue acuñada en 1944 por el jurista judío de origen polaco Raphael Lemkin uniendo la raíz griega geno, que significa raza, y la latina cidio, que significa matar, para nombrar el crimen sin nombre que, para muchos, ha marcado el siglo XX. En su mente se encontraba el asesinato masivo de los judíos europeos y la exterminación de los armenios. La definición se incorporó al derecho internacional en 1948 cuando se firmó la convención contra el genocidio. En las sentencias de Nuremberg no llegó a utilizarse. Como todo lo relacionado con el nacimiento de Naciones Unidas, los equilibrios políticos entre los ganadores de la II Guerra Mundial que ya habían dejado de ser aliados, marcaron la definición y la URSS impuso que las persecuciones políticas no formasen parte del delito.
El debate para ampliar el concepto de genocidio a estas persecuciones está sobre la mesa, aunque no ha cristalizado todavía en ningún tipo de iniciativa internacional. "Era un problema de bloques dentro de la recién creada Naciones Unidas", explica el magistrado de la Audiencia Nacional, José Ricardo de Prada, que fue juez internacional español en la Sala de Crímenes de Guerra de la Corte de Bosnia-Herzegovina. "Stalin no iba a permitir que la persecución política se convirtiera en genocidio. Pero creo que pasada la situación de origen, no debería de haber problemas para cambiarlo". Al tratarse de asesinatos políticos, los crímenes cometidos por las dictaduras de Argentina o Chile no pueden, por definición, entrar dentro del concepto de genocidio. De hecho, en los argumentos de la sentencia contra Adolfo Scilingo, el exmilitar argentino todavía encarcelado en España por crímenes durante la dictadura, el ponente, que fue el José Ricardo de Prada, abandona la calificación de genocidio y la reemplaza por crímenes contra la humanidad.
El problema para juzgar este delito no está sólo en que haya que probar que se trata de un ataque organizado contra un grupo étnico o religioso, sino en que es necesario demostrar la intencionalidad, la voluntad de exterminio. Claudia Diaz, diplomática de la Oficina del Asesor de Naciones Unidas para la Prevención del Genocidio, explica que "lo más difícil de probar en la definición de genocidio es el elemento de 'intento', porque es muy específico. Es necesario demostrar que los actos cometidos tenían como objetivo la destrucción de un grupo como tal. Nunca es fácil porque los perpetradores no suelen dejar evidencias de ello". El magistrado De Prada pone como ejemplo de esta dificultad que "los tribunales internacionales han sido tremendamente cicateros a la hora de aplicar este concepto en las guerras de los Balcanes de los noventa" precisamente por la dificultad para probar la voluntad de exterminio.
Sólo en el caso de la ciudad bosnia de Srebrenica, donde en el verano de 1995 fueron exterminados unos 8.000 varones, los jueces Tribunal Internacional de Justicia fallaron en 2007 que "los actos fueron cometidos con la intención específica de destruir en parte el grupo de los musulmanes de Bosnia Herzegovina como tal y, en consecuencia, fueron actos de genocidio", informa Isabel Ferrer. Con el mismo texto legal en la mano, sin embargo, el propio TIJ eximió de responsabilidad a Serbia como Estado. En 2015, el genocidio asomó de nuevo en La Haya, sede del TIJ, esta vez de la mano de Croacia y Serbia. Ambas se habían acusado mutuamente de haberlo cometido durante la guerra de los Balcanes, pero los jueces rechazaron las demandas. "Para que la limpieza étnica aquí señalada desemboque en genocidio, debe demostrarse el propósito sistemático de acabar con otra etnia. Y no fue así", dijo Peter Tomka, entonces presidente del Tribunal.
Los casos de genocidio sobre los que hay acuerdo en la comunidad internacional son muy pocos: el Holocausto contra judíos y gitanos por los nazis, las masacres por parte de los hutus contra los tutsis en Ruanda en 1994 y Srebrenica, en 1992. En el caso de los armenios, hay un consenso académico de que se trató de un genocidio; pero no político ya que muchos países evitan utilizar la expresión.
Helen Fein, tal vez la mayor experta mundial en genocidio, estableció una lista basándose en aquellos casos reconocidos por tribunales nacionales o internacionales entre 1915 y 2005. Aunque cree que hay muchos más episodios de matanzas que podrían ser genocidio, se limita a 18: los armenios, el Holodomor (el exterminio de los ucranios durante la colectivización masiva durante el que murieron de hambre millones de personas), el Holocausto nazi contra judíos, gitanos y prisioneros de guerra soviéticos, las matanzas de serbios y judíos por parte del estado fascista croata durante la II Guerra Mundial, China contra los budistas en Tíbet, Paraguay contra los Ache, Pakistán en Bengala durante la partición, las matanzas de hutus en Burundi en 1972, los Jemeres Rojos en Camboya, las matanzas de indios en Guatemala, Sudán contra los nubios y en Darfur contra las tribus africanas, Irak de Sadam Husein contra los kurdos, la guerra de Afganistán, Bosnia y Ruanda. La clasificación no depende del número de víctimas (en el caso de los Ache se trata de 900 entre 1968 y 1973), sino de la estricta aplicación de la definición de 1948. El caso del Sáhara Occidental no figura en ninguna de las listas habituales.
Nicolas Kwiatkowski acaba de publicar junto a José Emilio Burucúa el ensayo Cómo sucedieron estas cosas. Representar masacres y genocidios. Es un libro que relata cómo la humanidad ha sido capaz de representar el horror que ella misma causaba, las imágenes que ha utilizado para representar lo imposible, al igual que Lemkin tuvo que inventar una palabra para nombrar el crimen sin nombre. Kwiatkowski cree, como otros expertos consultados para este reportaje, que el hecho de que no se pueda aplicar la palabra genocidio no significa que no se trate de un crimen atroz. "Creo que tanto dentro como fuera del ámbito académico el uso del término genocidio se ha extendido en exceso", explica este investigador argentino, "hasta cubrir fenómenos que difícilmente puedan calificarse de tales. Eso no significa, en modo alguno, asignar un valor mayor o menor a unas víctimas o a otras". Hay muchos crímenes sin nombre, aunque no sean genocidios.
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Autor: GUILLERMO ALTARES
Fuente El País 

jueves, 23 de abril de 2015

¿Cualquiera puede disfrutar matando?

¿Podría usted matar deliberadamente a otra persona? ¿Tomar rehenes y degollarlos? ¿Disparar con una ametralladora sobre hombres, mujeres y niños? Quienes han crecido en condiciones de paz, por lo general, no pueden ni imaginarse en estas situaciones. A la mayoría le parece impensable acudir a un arma sin más ni más, a sangre fría.

Incluso en caso de guerra, quienes no están entrenados, rechazan la idea de apuntar y disparar deliberadamente contra sus semejantes: Encuestas realizadas por el Ejército estadounidense al término de la Segunda Guerra Mundial mostraron que apenas la mitad de los soldados había apuntado a matar. En la actual generación de soldados, sin embargo, la tasa asciende al 95 por ciento. Para desmontar sus inhibiciones naturales se entrenan con simulaciones computarizadas.

“Comúnmente, las personas sanas se sienten fuertemente inhibidas de violentar a sus semejantes”, aclara el neurobiólogo Joachim Bauer. “El sistema de neuronas espejo en nuestro cerebro hace que el dolor que percibimos en otras personas sea también nuestro”, abunda el profesor de la Universidad de Friburgo. Estas neuronas espejo son células nerviosas que nos convierten en personas empáticas, compasivas.



No obstante, cualquiera que mire a su alrededor en el mundo, no solo encontrará empatía y compasión. Thomas Elbert, profesor de psicología clínica y neuropsicología en la Universidad de Constanza, ha visitado geografías en las que las personas parecen haber perdido la capacidad de sentir algo similar. Ha hablado con guerrilleros y niños soldados por cuyas manos han corrido incontables litros de sangre, combatientes para quienes el acto de matar es simplemente parte de la cotidianidad. Y si de algo está convencido es de que cualquiera de nosotros puede llegar a ser capaz de matar a otra persona.

“Euforia homicida”

“Hemos notado que, en regiones en guerra, grupos enteros de una escuela de un pueblo pueden ser secuestrados”, cuenta Elbert. “Un determinado porcentaje de los niños muere, pero casi todos los restantes se convierten en combatientes”, agrega. Uno puede sentir escalofríos de solo imaginar que se obliga a niños a matar. Pero aún más escalofriante resulta escuchar lo que esos niños le han confiado a Elbert: que matar les resulta estimulante, que les produce placer.

¿Reprimimos acaso todos un “instinto asesino” que en la guerra, liberado de toda presión civilizatoria, nos desborda? Thomas Elbert lo aclara con la metáfora de la llamada “euforia del corredor” (runner's high, en inglés), ese momento especial en las carreras de fondo cuando el cuerpo libera endorfinas –los opiáceos naturales del cerebro–, que acompañan el cansancio con una agradable sensación de bienestar: “Quien nunca ha corrido 20 kilómetros, nunca lo sentirá”, pero es una reacción biológica natural que todos podríamos llegar a sentir, aclara el científico. “Todos los que han acumulado experiencias de guerra describen esos estados de delirio, esa sensación prácticamente placentera después de haber matado”, asegura.

Traumas que producen daños cerebrales

No obstante, uno se pregunta: ¿Si existen inhibiciones en nuestro cerebro, si los seres humanos sanos no nacimos para matar, cómo podemos llegar a traspasar esa barrera? Hay explicaciones, terribles explicaciones que muestran cuán fuerte puede ser el efecto que causan sobre nuestro cerebro los actos de violencia que nos rodean.



Los niños soldados parecen estar sistemáticamente sometidos a traumas provocados por sus “entrenadores”: la violación de sus madres o la ejecución de miembros de sus familias frente a sus propios ojos, por ejemplo. El trauma hace que el cerebro desmonte las inhibiciones para matar. Se daña el llamado circuito frontolímbico, esa parte del cerebro que examina qué efecto producirán nuestras acciones sobre los demás y sobre nosotros mismos y que, normalmente, limita nuestras agresiones.

Ser traumatizado con violencia y convertido así, uno mismo, en asesino. Según Joachim Bauer, ese es también el proceso al que se someten, por ejemplo, quienes se unen a la milicia terrorista islamista Estado Islámico (EI), en Siria. “Para empezar existe un rito de iniciación, algún hecho brutal al que deben asistir”, aclara el neurobiólogo. “Entonces algo en el cerebro se rompe y llegamos al punto en que pueden surgir esos sentimientos similares a la euforia. Se trata de fenómenos psicopáticos, que pueden hallarse masivamente entre los niños soldados pero que no pertenecen al espectro del comportamiento corriente de una persona no traumatizada”, precisa.

Violencia en todas las culturas

¿Qué armas utilizan los combatientes? ¿Cómo se organizan para la guerra? Esos son aspectos que pueden variar parcialmente entre una y otra cultura. Sin embargo, en todo el mundo, existen sorprendentes semejanzas en relación con la forma en que se ejecuta la violencia, afirma Thomas Elbert: “En Uganda observé que las tropas rebeldes le cortaban la nariz a sus víctimas, las orejas, los labios. Y ví lo mismo en Afganistán. Cuando algo sobresale del cuerpo, se corta. Eso pasa en culturas muy diferentes”.




¿Qué estímulos juegan un papel clave para provocar excesos de violencia?

Los estudios de Elbert van más allá e investigan qué estímulos juegan un papel clave para provocar excesos de violencia. La sangre parece en estos casos llevar la voz cantante... ¿Y el olor a sangre? Elbert investigó en esta dirección y se topó con un increíble descubrimiento: Incluso la industria alimentaria utiliza el olor a sangre para que sus productos les parezcan más frescos a los consumidores. “Y eso no vale sólo para los embutidos, sino también, por ejemplo, para los hongos”, cuenta el investigador: “El olor a sangre parece ser percibido por las personas como algo agradable. O sea, los estímulos claves son los mismos”.

¿Se esconde entonces en nosotros un ave de rapiña? Por el momento, la neurociencia tiende a vernos más bien como seres pacíficos, al menos, mientras profundos traumas no nos conviertan en fríos asesinos.

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Fecha: 09.02.2015
Autor: Clara Walther

La criminalidad baja a cotas mínimas mientras se endurecen las penas



La caída en las cifras de delincuencia, que se inició en la legislatura anterior, se ha acelerado, según las estadísticas del Gobierno. En 2014, se cometieron en España 44,8 infracciones penales —delitos y faltas— por cada mil habitantes, frente a los 51,9 con que se cerró el año 2008. La bajada de los últimos tres años es el doble de la lograda entre 2003 y 2011. Estas cifras figuran en un informe que los asesores del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, llevaban preparado para el debate sobre el estado de la nación, que se celebró la semana pasada, y que se quedó sin estrenar.

En el tenso debate de política general el presidente tuvo que enfrentarse al examen de los grupos parlamentarios en asuntos como la crisis económica, la corrupción o el soberanismo en Cataluña. Sin embargo, hubo una materia que tanto el jefe del Ejecutivo como los partidos dejaron en el tintero: la seguridad ciudadana. Rajoy no tenía interés en que el brillante porvenir para España que dibujó en su discurso quedara empañado con un tema que evoca, en el subconsciente de los ciudadanos, crímenes horrendos y sordidez. La oposición, por su parte, prefirió no buscar polémica en un asunto que ha desaparecido de las preocupaciones de la calle y en el que las únicas estadísticas disponibles —las del Ministerio del Interior— son, además, muy favorables para al Gobierno.

Este descenso en la criminalidad se nota en las cárceles. La población reclusa se ha reducido sin descanso en el último lustro: de 76.215 presos penados y preventivos en enero de 2010, se ha pasado a 65.039 en el mismo mes de este año, última cifra que ofrece la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. Se trata de una bajada del 15%, que contrasta con el aumento del 34% que experimentó la ocupación de las cárceles entre 2003 y 2009. No obstante, España sigue siendo uno de los Estados de la Unión Europea con más presos por cada 100.000 habitantes.

El descenso de la delincuencia en los últimos años coloca a España entre los países con menor tasa de criminalidad de la Unión Europea. Curiosamente, los países más golpeados por la crisis económica, Grecia (17,5 infracciones por cada 100.000 habitantes) y Portugal (38,2), aparecen, junto a España, en la lista de los estados más tranquilos, frente a una media europea de 61,3 infracciones. El Gobierno sostiene que “España es un país seguro entre países seguros”.

La inseguridad ciudadana tiene un componente objetivo —el número de delitos cometidos— y otro subjetivo, la percepción de vulnerabilidad que tienen los ciudadanos. La inseguridad ciudadana ha desaparecido entre los tres principales problemas citados por los ciudadanos en las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). En enero de 2007, el 18,9% de los ciudadanos nombraba espontáneamente la delincuencia entre sus tres mayores preocupaciones. Al inicio de la legislatura, esta cifra se situaba en el 5,7% y en el último barómetro, del pasado enero, solo el 2,6% de los encuestados citaban la delincuencia. En este caso, sin embargo, además de una percepción de mayor seguridad, la estadística puede estar mediatizada por el gran peso que en los últimos años han cobrado el paro, la corrupción y los problemas económicos en la vida española, que han desplazado al resto de preocupaciones.

Prácticamente todos los delitos de mayor alarma social han descendido. Los homicidios y asesinatos han bajado un 13,4% y las agresiones sexuales caen un 24,8% entre 2011 y 2014. Los delitos contra el patrimonio también se reducen —un 10,5% en total— aunque con matices. Mientras los robos con fuerza en los vehículos y en establecimientos comerciales caen un 30,7% y un 37,5% respectivamente, los robos en viviendas aumentan con fuerza: de 100.780 casos al inicio de la legislatura a 121.873 al cierre de 2014, un crecimiento del 20,9%. En un momento en que la situación económica de muchos hogares es desesperada, también se disparan las estafas, un 31,5%, según la estadística del Ministerio del Interior, con datos de todos los cuerpos policiales estatales y autonómicos.

Estos descensos tanto en la criminalidad registrada como en la percepción ciudadana del riesgo han venido acompañados en esta legislatura con un endurecimiento de las leyes, y especialmente con la introducción en el Código Penal de la prisión permanente revisable. La reforma que, en la práctica, permite la cadena perpetua se plantea para delitos de gran alarma social, como los asesinatos terroristas o los crímenes que vayan acompañados de agresión sexual. En los últimos años se han producido casos de gran impacto como el asesinato y desaparición de la joven sevillana Marta del Castillo o la desaparición de los niños Ruth y José, aunque el PP ha desvinculado la reforma legal de estos crímenes.

El PP ha aprobado en solitario la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, recibida por el resto de grupos políticos como una “ley mordaza” al convertir en sanción administrativa —y por lo tanto ajena al control judicial— las infracciones que el Código Penal califica ahora como faltas. El texto incluye como conductas sancionables, con hasta 30.000 euros as manifestaciones ante el Congreso o las protestas con escaladas en edificios públicos, entre otros. El Gobierno sostiene que no es cierto que esta nueva ley pretenda acallar las protestas ciudadanas, y pone como argumento que “los delitos registrados contra el orden público han descendido de forma muy considerable durante esta legislatura”.

Eficacia policial y planes especiales

El descenso de las infracciones penales en esta legislatura viene acompañado, según los datos del Ministerio del Interior, de un incremento en las estadísticas de eficacia policial. Si en 2003, el índice de delitos esclarecidos era del 29,3%, en 2014, la cifra alcanza el 42,4%. Estos datos, según el Gobierno, son especialmente relevantes si se tiene en cuenta que durante los últimos años la crisis económica ha traído consigo una reducción en el número de agentes en los distintos cuerpos policiales.

Interior ha puesto en marcha planes especiales para hacer frente a algunos de los delitos que más han crecido en los últimos tiempos. Es el caso de los robos en viviendas. La burbuja inmobiliaria de principios de siglo ha propiciado que aumente un 10,8% el número de casas vacías, según los datos del censo. Desde 2006, esta modalidad delictiva ha crecido de forma continuada. El plan de Interior ha conseguido frenar, desde 2012, los robos tanto en casas vacías como en hogares ocupados.

El inicio de la crisis vino acompañado también de un aumento en las sustracciones en explotaciones agrícolas y ganaderas, que prácticamente se duplicaron entre 2003 y 2012, cuando se denunciaron 24.078 casos. En septiembre de 2013, la Guardia Civil puso en marcha los equipos ROCA —acrónimo de robos en el campo—. Desde entonces, estas acciones se han estabilizado y, por primera vez en 11 años, se invierte la tendencia.

Noticia de El País
Autor: FERNANDO J. PÉREZ
Artículo a la noticia original

Exorcismos e Iglesia Católica: "La mayoría de los casos son trastornos psiquiátricos"

Cuando uno piensa en exorcismos hoy en día, la mente se suele ir a la película de la niña del exorcista o a la era medieval, o al menos eso me  ocurrió a mí.  No obstante,  hace poco se celebró en Roma el X Curso de base sobre el Ministerio del Exorcismo, cuya intención es aumentar el conocimiento de los sacerdotes para así poder resolver las dudas de sus feligreses sobre este tema.
Sin embargo  se admite que en la mayoría de los casos de presunta posesión demoniaca hay un trastorno psiquiátrico, el sacerdote Pedro Barrajón, uno de los organizadores del simposio afirmó, que después de acudir a un profesional médico y en caso de no poder lograr eliminar la “perturbación” mental, lo mejor es acudir a un sacerdote. Aunque no digo ni dejo de decir, que el sacerdote Barrajón tiene o no razón, eso se lo dejo al juicio de cada lector, una declaración que realizó me dio la sensación de ser  un tanto extremista en cuanto al exorcismo -"Allá donde hay una acción del mal, el demonio está presente. Donde hay terrorismo, actos de violencia extrema, corrupción, mentira, engaño, falta de autenticidad, ahí de algún modo está presente. Sin que se quite la responsabilidad de las personas y de las instituciones. Pero un influjo ciertamente lo hay" (Exorcismos e Iglesia Católica: "La mayoría de los casos son trastornos psiquiátricos", 2015)-.
Por otro lado en la noticia original, podemos encontrar la declaración de otro entrevistado, el exorcista mexicano Cesar Truqui. La tesis planteada es que no se puede culpar de todo al diablo, ya que en la mayoría de ocasiones nosotros solo cosechamos lo que sembramos.

Si alguien está interesado en leer la noticia completa el enlace es está AQUÍ

Fuente


Exorcismos e Iglesia Católica: "La mayoría de los casos son trastornos psiquiátricos". (18 de Abril de 2015). Recuperado el 20 de Abril de 2015, de http://www.20minutos.es/noticia/2435707/0/exorcismos/iglesia/trastornos-psiquiatricos/

miércoles, 22 de abril de 2015

Y esta vez, asesinos en el cine.

En mi anterior entrada hablaba de música. En este, como es de esperar, hablaré de películas. Aunque no son muy recientes, son bastante adecuadas al tema.
Hay multitud de películas en las que aparece un crimen, aunque no sea la parte principal de la película.
Para esta entrada me he inspirado en la entrada de Paula sobre la película de "El Perfume", en la que un asesino en serie mató a varias jóvenes para conseguir el perfume perfecto.
Yo os traigo otras tres películas también con temas...digamos que más bien sangrientos o al menos fuertes.

Bueno la primera película es la de "Lovely Bones" del director Peter Jackson. Esta habla de una chica de 14 años que fue asesinada por su vecino, y esta queda atrapada en un mundo intermedio entre la tierra y el cielo. Lo que quiero mencionar de esta película teniendo en cuenta la temática del blog, es cómo tanto la familia como la policía investiga para ver quien es el asesino, y también cómo el asesino trata de esconder toda pista en relación a la chica.
No os digo más, os dejo el trailer:


La siguiente película, y probablemente una de las más impactantes que haya visto en mi vida, es "Battle Royale" (director: Koushun Takami). Esta trata de unos chicos japoneses que son obligados a jugar al juego que da nombre al título de la película, que consiste en soltarles en una isla sin habitantes, cada uno con un arma que se le ha concedido de forma aleatoria, y que deben matarse unos a otros hasta ver quien es el ganador... ¿fuerte verdad?


Y por último, otra de esas películas que ves y después necesitas unos minutos para recuperarte y volver a la vida normal. Hablo de "Asesinos por naturaleza" ("Natural Born Killers), que ya comentó Lucía en uno de sus post. Dirigida por  Oliver Stone.
En esta película, sus personajes principales alarman a la sociedad, y no le temen a nada....
¿Queréis verlo? Pues adelante.

Y esto es todo por hoy, espero que os animéis a ver alguna, y si ya la habéis visto, a comentar.
Muchas gracias.

Miércoles, 22 de Abril de 2015


El Casero: ¿asesino múltiple?



Como ya os dije el caso publicado en mi anterior entrada de Los Lunes me MATAN está en curso. La investigación llevó a hacer ayer una revisión criminalística de la casa de B. (como se dirigen al presunto asesino en los periódicos).

El casero de la desaparecida viajó a Barcelona con su móvil para despistarEncontraron en casa del padre del presunto asesino y encontraron las llaves del cohe de Adriana, la víctima, y una carta de despido que le iba a dar a su empresa, que, según ha dicho la policía, no estaba escrita por ella sino que el asesino la dejó ahí.
Sigue sin haber noticias ni de la tía de Bruno (el presunto asesino), la dueña de la casa, ni de otros tres inquilinos que arrendaron la misma, conocida también como casa de los horrores, pero, hasta que no se denuncien las desapariciones ni se encuentre ninguna prueba que dirija la investigación al hecho de encontrarnos con un asesino múltiple se cree que la única víctima del presunto asesino fue esta última inquilina de 55 años.

Según últimas noticias publicadas en el periódico ABC,se han hallado en la trituradora que el presunto asesino guardaba en el garaje y en algunas paredes de la casa restos de sangre humana. Están esperando a cotejar estos perfiles genéticos con los del hermano de Adriana (víctima), y, harán lo mismo con el perfil de la tía, que, como ya he dicho, está desaparecida.

Para más información, os dejo los últimos artículos:
http://www.abc.es/madrid/20150421/abci-casero-desaparecida-viajo-barcelona-201504202109.html
http://www.abc.es/madrid/20150422/abci-padre-asesino-majadahonda-201504212020.html

lunes, 20 de abril de 2015

“Las asesiné de manera súbita, imprevista e inesperada”

Sí va a declarar y y además va a declararse culpable. Juan Carlos Aguilar, el falso monje shaolín acaba de despejar las dos incógnitas iniciales en la vista oral más mediática de los últimos tiempos en Bizkaia, con 119 medios acreditados para cubrir el caso de los asesinatos de Maureen Ada Otuya, nigeriana de 29 años y Jenny Sofía Rebollo, colombiana de 40. En un escrito de alegaciones leído en la primera jornada del juicio y antes de que preste declaración oral, ha reconocido que asesinó a ambas mujeres "de manera súbita, imprevista e inesperada" después de llevarlas a su gimnasio y de atarlas y maltratarlas. Aunque su abogada ya presentó un escrito en la Audiencia Provincial de Bizkaia, el procesado acaba de reconocerlo ante la sala, eso sí, en un documento leído por la secretaria judicial. Aguilar lo ha escuchado con los ojos cerrados.


Está previsto que después de los escritos de las partes, Aguilar preste declaración oral y responda a las preguntas de las acusaciones, fiscal y defensa. El juicio puede prolongarse durante tres semanas. Las acusaciones piden entre 40 y 45 años de prisión e indemnizaciones que se acercan a los 300.000 euros.El falso shaolín acepta indemnizar a las familias de las víctimas. Acaba de pedir que se liquiden sus cuentas bancarias y se reparta el dinero entre las dos, descontando el equivalente al salario mínimo interprofesional para garantizar su subsistencia. Al rechazar el ensañamiento, y si las acusaciones no demuestran que lo hubo, podría eludir el cumplimiento de una pena máxima de 30 años de prisión y se quedarían en 25.


Los antecedentes del caso

Juan Carlos Aguilar fue detenido el 2 de junio de 2013 y encarcelado días después como presunto autor de las torturas y las muertes de las dos mujeres, así como del despedazamiento de la ciudadana colombiana. Fue arrestado por la Ertzaintza en el gimnasio que regentaba en el centro de Bilbao, denominado Zen 4, después de que un agente de este cuerpo rescatara de su interior a la joven nigeriana Ada Otuya, a quien hallaron maniatada y amordazada, y en estado de extrema gravedad después de haber sufrido una brutal paliza.

La mujer, de 29 años y que ejercía la prostitución, quedó ingresada en coma en el Hospital de Basurto, donde falleció tres días después. Tras su arresto, Aguilar confesó también haber matado a otra mujer, la colombiana de 40 años Jenny Sofía Rebollo. Restos de su cadáver descuartizado fueron localizados en el gimnasio.

En el escrito de calificaciones provisionales, la Fiscalía califica estos hechos como dos asesinatos con alevosía, por los que pide 20 años de cárcel por cada uno, además del pago de más de 286.000 euros de indemnización a las familias de las víctimas.

La acusación popular, ejercida por la Asociación Clara Campoamor, y las acusaciones particulares, que representan a los parientes de las dos mujeres, elevan la petición de penas hasta los 45 años, al entender que en el caso de Ada Otuya, el falso monje actuó además con ensañamiento.