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jueves, 23 de abril de 2015

Exorcismos e Iglesia Católica: "La mayoría de los casos son trastornos psiquiátricos"

Cuando uno piensa en exorcismos hoy en día, la mente se suele ir a la película de la niña del exorcista o a la era medieval, o al menos eso me  ocurrió a mí.  No obstante,  hace poco se celebró en Roma el X Curso de base sobre el Ministerio del Exorcismo, cuya intención es aumentar el conocimiento de los sacerdotes para así poder resolver las dudas de sus feligreses sobre este tema.
Sin embargo  se admite que en la mayoría de los casos de presunta posesión demoniaca hay un trastorno psiquiátrico, el sacerdote Pedro Barrajón, uno de los organizadores del simposio afirmó, que después de acudir a un profesional médico y en caso de no poder lograr eliminar la “perturbación” mental, lo mejor es acudir a un sacerdote. Aunque no digo ni dejo de decir, que el sacerdote Barrajón tiene o no razón, eso se lo dejo al juicio de cada lector, una declaración que realizó me dio la sensación de ser  un tanto extremista en cuanto al exorcismo -"Allá donde hay una acción del mal, el demonio está presente. Donde hay terrorismo, actos de violencia extrema, corrupción, mentira, engaño, falta de autenticidad, ahí de algún modo está presente. Sin que se quite la responsabilidad de las personas y de las instituciones. Pero un influjo ciertamente lo hay" (Exorcismos e Iglesia Católica: "La mayoría de los casos son trastornos psiquiátricos", 2015)-.
Por otro lado en la noticia original, podemos encontrar la declaración de otro entrevistado, el exorcista mexicano Cesar Truqui. La tesis planteada es que no se puede culpar de todo al diablo, ya que en la mayoría de ocasiones nosotros solo cosechamos lo que sembramos.

Si alguien está interesado en leer la noticia completa el enlace es está AQUÍ

Fuente


Exorcismos e Iglesia Católica: "La mayoría de los casos son trastornos psiquiátricos". (18 de Abril de 2015). Recuperado el 20 de Abril de 2015, de http://www.20minutos.es/noticia/2435707/0/exorcismos/iglesia/trastornos-psiquiatricos/

lunes, 20 de abril de 2015

Los lunes me MATAN: Pedro Nakada, El apóstol de la muerte

El peruano Pedro Pablo Nakada Ludeña se convirtió en un asesino en serie  apodado  “el apóstol de la muerte”, debido a que mató al menos unas  25 personas (no está del todo claro el número exacto de víctimas), asegurando que Dios le ordenaba matar. Se consideraba asimismo un limpiador cuya misión era limpiar el mundo de la escoria que habitaba en él; en su interrogatorio declaró que al matar sentía que estaba ayudando al mundo, no que estuviese cometiendo un acto censurable.
Se cree que lo que llevó a este hombre a pensar y actuar de ese modo fue su infancia. Esta estuvo llena de golpes, por parte de su padre, y burlas, por parte de los niños del colegio y de sus hermanos.  Se estima que la raíz de su homofobia radical que se refleja en sus crímenes procede de un altercado con sus hermanos.   “Odio a los maricones. Cuando yo era niño, mis hermanos me violaron porque creían que yo había matado a una perra que teníamos y que además estaba preñada. Juro que yo jamás le hice nada al animal”. Narró Nakada.

Nombre: Pedro Nakada – El Apóstol de la Muerte
Modus Operandi: mataba a sus víctimas con pistolas, a las cuales ponía silenciadores que él mismo hacía a partir de zapatillas que compraba específicamente para eso. 
Victimología: homosexuales, prostitutas, drogadictos y otros tipos de individuos mal vistos desde una moral canónica de raigambre religiosa. También mató a gente inocente para conseguir dinero para seguir con “la misión de Dios”.

Otros: El dictamen psiquiátrico fue que Pedro padecía “esquizofrenia paranoide”, pero que era capaz de distinguir el bien del mal Esta esquizofrenia se unía a una tendencia psicópata desembocando en la serie de asesinatos. Según el propio Pedro tenía la misión encargada de Dios de “limpiar el mundo de la escoria”.

sábado, 28 de marzo de 2015

LA PSICOLOGÍA EN EL TERRORISMO. PARTE II: PERSONALIDAD Y FACTORES

Siguiendo con la entrada anterior, llegamos al punto en el que podemos afirmar la existencia de personalidades más propensas al terrorismo. Se cita sobre esto dos teorías, la tésis de la personalidad autoritaria (Adorno, Frenkel-Brunsqick, Levinson, & Sanford, 1950) y la teoría del trastorno narcisista (Crayton, 1983; Post; 1998).

Sin embargo, tras analizarlas brevemente, la conclusión es que no existen pruebas suficientes para la elaboración de un perfil de personalidad especialmente propensa. Sí existen una serie de factores psicosociales que hay que tener muy presentes a la hora de comprender este tipo de terrorismo, pero nos encontramos con multitud de hipótesis sobre los mismos que no terminan de concretar si son factores que se dan previamente a la radicalización o a posteriori.

En cuanto a la religión, cabe distinguir en el análisis del autor sobre los fenómenos conductuales (Glenn, 1988), por un lado, las interpretaciones que los individuos dan sobre su conducta, y por otro, las contingencias o las estructuras funcionales que de hecho mantienen esas conductas. Existe un paso que se da desde la radicalización entendida como una condición a la radicalización ya propiamente entendida como proceso.

Tras cuarenta años de investigación, el consenso entre los investigadores es que la tendencia a psicologizar o patologizar las explicaciones de las conductas estadísticamente anormales (de la Corte, 2006) no tiene recorrido científico. Las investigaciones actuales apuntan a que hay que pasar a conceptualizar la radicalización más como un proceso que como una condición personal o psicológica (Borum, 2011).


BIBLIOGRAFÍA

•   JIMÉNEZ CUADROS, J. (2015). Radicalización, terrorismo y psicología: El radicalismo como ‘condición’. Rasgo Latente. Extraido en Marzo 2015. http://rasgolatente.es/radicalizacion-terrorismo-y-psicologia-el-radicalismo-como-condicion/


LA PSICOLOGÍA EN EL TERRORISMO. PARTE I: PSICOPATOLOGÍA

Uno de los temas más actuales hoy día es el del terrorismo islámico. Muchos nos hemos preguntado cómo es posible que existan personas que habiéndose educado en sociedades tan diferentes a la sociedad islámica son capaces de unirse la yihad y cometer todos aquellos asesinatos. Sabemos que en este contexto el extremismo religioso de medio oriente es un hecho que lleva muchos siglos presente, pero es preocupante conocer el hecho de que haya personas que como hemos mencionado, sin haber tenido en su vida relación alguna con todo aquello, puedan llegar a convertirse en fieles de este tipo de lo que sin duda es un terrorismo radical. Es sin duda una idea que nos cuesta asimilar.


Investigando a través de la red, ayer localizaba un colaborativo de Psicología científica, llamado Rasgo Latente, un proyecto coordinado entre otros por Juan Ramón Barrada, doctor en Psicología y profesor en la Universidad de Zaragoza. En su entrada del 26 de enero de este año, uno de los colaboradores, Javier Jiménez, comentaba el radicalismo entendido como condición.

Desde un punto de vista psicológico (Borum, 2011) es más interesante separar la radicalización (el desarrollo de ideologías y creencias extremistas) de las vías de acción (que pueden ser la participación en actos terroristas o no). Como dice el especialista alemán Ruud Koopmans[1], el radicalismo “no necesariamente incluye o justifica la violencia, puesto que esta última es un comportamiento y no una ideología”.


El artículo plantea una de las preguntas que introducíamos: ¿es el terrorismo una enfermedad mental? Entonces, cabe preguntarse una de las hipótesis que más se ha comentado sobre esta cuestión, y es el término de la psicopatía, que como sabemos, se trata de un trastorno antisocial de la personalidad. Sin embargo, el autor descarta este trastorno como motivo.



Evidentemente, no es imposible que algún psicópata se cuele en una organización terrorista. Pero, por posible, no deja de ser muy improbable. Como afirma el criminólogo Vicente Garrido, el psicópata es el sujeto egocéntrico por excelencia. Eso, aunque hace comprensible la hipótesis, supone problemas institucionales y organizativos casi insalvables para esta hipótesis psicopatológica: el egocentrismo extremo tiene un problema para el establecimiento de las relaciones sociales fiables, algo que es fundamental en las organizaciones terroristas.


También descarta otras teorías psicopatológicas que se han dado años atrás, como es el caso de la paranoia o las explicaciones biológicas. De hecho, haciendo referencia a diversos estudios que se realizaron a diferentes grupos terroristas[2], a día de hoy la mayoría de los psicólogos descartan gran parte de las hipótesis psicopatológicas.


BIBLIOGRAFÍA:

·         JIMÉNEZ CUADROS, J. (2015). Radicalización, terrorismo y psicología: El radicalismo como ‘condición’. Rasgo Latente. Extraído en Marzo 2015. http://rasgolatente.es/radicalizacion-terrorismo-y-psicologia-el-radicalismo-como-condicion/





[1] Ruud Koopmans (Uithoorn, 1961) es un profesor holandés de sociología en la Universidad Libre de Amsterdam. Él lleva a cabo investigaciones sobre los movimientos, la ciudadanía, la integración, la política europea sociale y sociología evolutiva.
[2] Veáse el caso del IRA (Heskin, 1980); de los grupos paramilitares unionistas (Taylor y Quayle, 1994; del Frente de Liberación Nacional de Argelia (Crenshaw, 1981); del Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia (Tölölyan, 2001); de diversos grupos terroristas italianos de extrema izquierda y extrema derecha (Ferracuty y Bruno, 1981); de terroristas yihadistas suicidas (Merari, 1998; Attran, 2003); o de militantes de Al Qaeda (Sageman, 2004).